¿Por qué los sefardíes podrán ser españoles, pero no los moriscos?

Ignacio Cembrero


No todo ha cambiado con la llegada de Rafael Catalá al frente del Ministerio de Justicia en sustitución de Alberto Ruiz Gallardón. La ley del aborto ha quedado enterrada, pero no así el proyecto de ley que facilitará la obtención de la nacionalidad española a los descendientes de judíos sefardíes sin que tengan que renunciar a la que ya ostentan.
En su primera comparecencia en el Congreso de los Diputados, Catalá confirmó en octubre que la iniciativa permitirá otorgar la nacionalidad española "a aquellos descendientes que prueben su condición de sefardíes originarios de España" y "demuestren también una especial vinculación con España".
La primera "habrá de probarse ante un notario", según el ministro, y bastará, probablemente, con tener uno de los más de cinco mil apellidos sefardíes. La segunda requerirá que el aspirante se someta a una "prueba lingüística en el Instituto Cervantes" más cercano a menos que no resida en un país cuyo idioma sea el español.
 ¿Cuántos podrán solicitar la nacionalidad española? Justicia no da datos, pero se calcula que los descendientes de los judíos expulsados de España y Portugal a partir de 1492 son hoy en día entre tres y 3,5 millones afincados mayoritariamente en Israel aunque también hay comunidades en EE UU, América Latina, Turquía y en los Balcanes. 
A lo largo de las últimas décadas casi todos han dejado de hablar el ladino o judeoespañol, el idioma medieval en el que se expresaban cuando salieron de España, pero algunos conocen, en cambio, el español moderno que han estudiado. Para muchos de ellos un pasaporte español es atractivo porque es más cómodo que el israelí para viajar por el mundo, porque abre las puertas para trabajar en toda la Unión Europea. 
El proyecto de ley supone, según Catalá, una "reconciliación no solo con los descendientes de los judíos expulsados en 1492, sino también con el pasado español y con su vocación presente de sociedad abierta". "Tiene una importante repercusión más allá de nuestras fronteras", añadió. 
A nadie en el Congreso de los Diputados le parece mal reparar, cinco siglos después, el daño causado a los sefardíes. Izquierda Plural, en la que está integrada Izquierda Unida, y Esquerra Republicana de Catalunya, han presentados, sin embargo, sendas enmiendas a la totalidad del proyecto de ley.
Consideran que a los sefardíes habría que añadir otros tres grupos: los saharauis; los nietos de españoles no nacidos en España y los moriscos. Llegaron incluso a mencionar a los habitantes de Sidi Ifni, una ciudad marroquí de la que España se retiró en 1969, pero renunciaron a ello.
Los saharauis son un pueblo descolonizado aunque el conflicto persistente les coloca en una situación difícil. Si se les ofrece esa vía también habría que hacerlo, por ejemplo, con los ecuatoguineanos y hasta con cubanos y filipinos. Los nietos de españoles nacidos en el extranjero ya tuvieron esa oportunidad de ser también españoles, en el marco de la ley de memoria histórica, hasta diciembre de 2011.
Los moriscos, es decir los musulmanes que aparentaban haberse convertido al cristianismo pero practicaban con frecuencia el islam a escondidas, fueron expulsados de España un siglo después de los judíos. Eran unos 300.000 que en su mayoría se instalaron en el Magreb, sobre todo en Marruecos donde se les llama andalusíes. Tienen también apellidos específicos como Bargachi, Piro, Molato, Sordo, Mulin, Denia, etcétera. 
¿Por qué el Gobierno quiere conceder a los sefardíes lo que no está dispuesto a dar a los moriscos? En Justicia y en Asuntos Exteriores argumentan bajo cuerda que estos últimos, a diferencia de los primeros, han perdido cualquier vínculo cultural y lingüístico con España. Muchos sefardíes tampoco tienen lazos con la que fue su patria y, sin embargo, tendrán la ocasión de demostrar lo contrario.
¿Por qué los moriscos no tendrán esa misma oportunidad si el objetivo es, como dijo Catalán, reconciliar a España con su pasado?

Decisión discriminatoria

Bayib Loubaris, marroquí y presidente de la Asociación Memoria de los Andalusíes, aseguraba, en declaraciones a la agencia EFE, que el Estado español debería "reconocer el mismo derecho para el resto de los expulsados"  y no solo para los judíos. "De lo contrario su decisión sería selectiva por no decir racista", recalcaba. 
En su gran mayoría los moriscos no hablan español, pero varios centenares de familias en Fez, Rabat o Tánger sí conservan tradiciones musicales, culinarias y arquitectónicas de la España que dejaron. Por su proximidad geográfica con España conocen a veces mejor el país de sus antepasados que los sefardíes de Estambul o Los Ángeles. Por sorprendente que parezca esta doble vara de medir del Ejecutivo español apenas ha suscitado reprobación en el mundo árabe.
Más allá del pretexto de su carencia de nexos con España hay otras razones que aconsejaban a los ministerios españoles de Justicia y Asuntos Exteriores apostar por los sefardíes. Gaspar Llamazares, de IU, sospecha que actúan así para "compensar el voto favorable de España al reconocimiento de Palestina en Naciones Unidas". Otros 137 países votaron a favor.
No se trata ahora de un gesto hacia Israel sino más bien hacia EE UU donde los lobbies judíos tienen mucho peso y la iniciativa española ha sido alabada. Atraer a sefardíes puede además significar captar inversión y dinamizar una economía española que necesita estímulos. Los moriscos no pueden ofrecer lo mismo.
Fuente: http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/orilla-sur/2014/11/12/por-que-los-sefardies-podran-ser.html

Florence Leceref recopila en un CD los 'Documentos moriscos' de Granada

El trabajo muestra la vida cotidiana de esta población cuando se convirtió al cristianismo
Redacción granada | Actualizado 15.04.2014 - 05:00


La profesora e investigadora Florence Leceref recopila en Documentos moriscos (1515-1530). Archivo de Protocolos Notariales de Granada una extensa serie de documentos que permiten tratar asuntos tan variados como la educación y la formación profesional de los niños, el mundo laboral, el casamiento o la transmisión del patrimonio. 

El CD, publicado por la Editorial Universidad de Granada (eug), forma parte de la colección Textos escritos en Andalucía, que dirige la profesora María Isabel Montoya Ramírez. "El presente corpus documental --afirma Florence Leceref, responsable de este trabajo-- de los años 1515-1530 muestra la vida cotidiana de los moriscos de Granada, recién convertidos a la religión católica y a los que las autoridades procuraron asimilar a la cultura, costumbres y mentalidad cristiana". 

En 1515 no podía quedar ningún musulmán en el reino granadino, ya que el decreto de conversión de 1501 los obligó a elegir entre su conversión a la religión católica y el exilio. La sociedad se fue transformando con la llegada de los cristianos viejos procedentes de toda Castilla y la colaboración de la élite morisca que no se había ido. Los archivos notariales "ofrecen detalles sobre esta nueva cotidianidad y las transformaciones que se iban produciendo en la sociedad. Para los moriscos los cambios no fueron pocos y son perceptibles en los documentos de este corpus". 

Según la directora de la colección, "los historiadores señalan los años finales del siglo XV y los de principio del XVI como fundamentales en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna española; muchos son los cambios que se produjeron, no solo en el aspecto material sino en el mundo de las ideas, cambios que afectaron, por ejemplo, a las relaciones laborales, permitiendo, entre otras cosas, la desaparición de algunos oficios artesanales y la aparición de otros". 

La situación social de las clases menos privilegiadas, los pobres, y en ellas especialmente las mujeres, no experimentaron sin embargo grandes diferencias respecto de la etapa anterior, si bien es cierto que estas, siempre que pertenecieran a un estatus elevado o a alguna orden clerical, tendrían acceso a la educación --aunque no a la misma instrucción que los varones-- , como ponen de manifiesto los textos literarios, jurídicos e históricos de entonces. A finales del XVI los cambios serían más evidentes así como la involución debida, por una parte, a la expansión de las ideas de los humanistas extranjeros y, por otra, al levantamiento y expulsión de los moriscos o la Contrarreforma. "Sirvan de ejemplo las obras de Delicado o Cervantes, frente a las de Fray Luis de León y Luis Vives, estas últimas de gran predicamento en los dos siglos posteriores y en las etapas más conservadoras de la política de nuestro país", señala la UGR. Esa situación continuaría hasta mitad del siglo XVIII, aunque algo cambió con la llegada de Carlos III, en tanto que el monarca muestra interés por conocer la penosa realidad social, económica y cultural del país.

Fuente:  Florence Leceref recopila en un CD los 'Documentos moriscos'...  http://www.granadahoy.com/article/ocio/1752289/florence/leceref/recopila/cd/los/documentos/moriscos/granada.html#sSf3ncuEDGEYRTwV


Nota: Consideramos que el apellido de la autora es Lecerf, según consta en la imagen que ilustra la obra, y no *Leceref, como reproduce GranadaHoy repetidamente en el presente artículo.

Después de los sefardíes, ¿los moriscos?

'La expulsión de los moriscos', de Gabriel Puig Roda (1894).
(Foto: Wikipedia, Joanbanjo)


Ana Goñi | El Confidencial | 16 febrero 2014

"Lo que hacemos hoy es reencontrarnos. Había una deuda histórica con aquellos que siempre han querido ser españoles, que allá donde viviesen han llevado nuestra lengua, el sentido de pertenencia [...]. Muchos de ellos guardaban incluso las llaves de sus casas, esas casas de las que fueron expulsados". Justificaba con estas palabras el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, la propuesta de reforma del Código Civil para la "agilización de la concesión de nacionalidad" a los sefardíes que lo deseen, a los descendientes de aquellos judíos que, tras la toma de Granada y la firma de un edicto por los Reyes Católicos -cuya redacción inspiró el mismísimo Tomás de Torquemada-, no quisieron renunciar a su fe y fueron expulsados por la Corona.
En Chauen (o Xauen, Marruecos) un hombre guarda a buen recaudo una llave mayor que una mano extendida. Abría la puerta de una casa que hoy ya no existe, la de su familia en Granada. Ese hombre habla con locuacidaz la lengua de Cervantes. Sus hijos, tres de los cuales residen hoy en la ciudad andaluza, también. Igual que lo hacía su padre. Y la historia de cómo sus antepasados salieron de Granada hace cinco siglos sigue viva en su memoria, tan viva que cuando la cuenta, parece que hubiera sucedido hace cinco años. Pero este hombre, a pesar del anuncio de Ruiz-Gallardón, no conseguirá fácilmente la nacionalidad española. Porque Abdelgafar Elakel, marroquí de 66 años, no es sefardí. Es morisco, desdendiente de aquellos musulmanes que, como los judíos, tuvieron que abandonar las tierras de la Corona que luego se convertiría en España.
Se calcula que unos 200.000 sefardíes abandonaron la Península después de 1492 (y, según la prensa israelí, unos tres millones y medio de descendientes podrían reclamar hoy la nacionalidad). Se baraja una cifra de hasta medio millón para los musulmanes y conversos (los llamados 'moriscos'; a los conversos judíos bajo sospecha de prácticas judaizantes se los llamó 'marranos') que siguieron ese mismo camino desde ese final del siglo XVI hasta el comienzo del XVII, cuando Felipe III culminó el proceso de expulsión. Corrieron entonces la misma suerte, pero hoy, más de 500 años después, sus caminos no discurren paralelos. Los descendientes de los moriscos tienen que seguir los trámites y plazos de cualquier extranjero para conseguir la nacionalidad. Los sefardíes, como recoge el Código Civil (art.22), pueden hacerlo con sólo dos años de residencia (lo habitual son 10), igual que los provenientes de países iberoamericanos, Andorra, Portugal, Filipinas y Guinea Ecuatorial. Con la propuesta del pasado viernes de Justicia -aprobada en el Consejo de Ministros días antes de que Mariano Rajoy se reuniera con representantes de organizaciones judías de Estados Unidos-, se reformará además el artículo 23, facilitando que obtengan la nacionalidad por carta de naturaleza. Bastará con que prueben su condición de sefardíes y su vinculación con España, y no tendrán que renunciar, como hasta ahora, a su nacionalidad de nacimiento.
Los moriscos llevan tiempo reclamando ese mismo derecho. En 2006 Izquierda Unida planteó a la Junta de Andalucía una proposición no de ley para que este organismo instara al Gobierno español a dotarlos de nacionalidad preferente. No hubo resultado. En noviembre de aquel año, un encuentro de la Alianza de Civilizaciones reclamaba -en la denominada Declaración de Xauen- lo mismo, con idéntica conclusión. Uno de los promotores de aquellas iniciativas, el profesor de Derecho Civil de la Universidad de Córdoba Antonio Manuel Rodríguez -embarcado hoy también en la reclamación de la titularidad pública de la Mezquita de Córdoba- lo resume con sencillez: "Se trata de que de donde exista la misma razón, exista el mismo derecho. Es una reivindicación no desde el victimismo, sino desde la justicia. El reconocimiento a la comunidad sefardí es simbólico, necesario y justo. Hacer lo mismo con los que han mantenido su identidad morisco andalusí en el exilio también lo es, hacia ellos y especialmente hacia nosotros mismos, en un ejercicio de reconstrucción de la memoria colectiva".
Incide este profesor en la "extranjerización" que se hace en España del pasado. En que Abderramán III (Córdoba, 891), Averroes (Córdoba, 1126) o el judío Maimónides (Córdoba, 1135) son tan hispanos como Séneca(Córdoba, 4 a.C.). En que no se pueden embutir ocho siglos de historia (los de dominio musulmán) en una caja de zapatos olvidada. Y en que la "cerrazón" en no admitir -el ministro Gallardón ni los ha mencionado- a los descendientes de los moriscos andalusíes es fruto de todas esas ignorancias. Desde Chauén, Abdelgafar Elakel dice sentirse musulmán. También marroquí. Y duda de si habrá otras personas que, expulsadas hace más de cinco siglos de la que fue su tierra, guarden ese amor hacia ella: "Las concesiones a los sefardíes a mí me producen satisfacción como morisco: por lo menos se lo han dado a la mitad de los expulsados. Pero no es lógico que se lo den a ellos y no a nosotros. No buscamos la nacionalidad por una cuestión económica, sino moral". Y concluye: "Mi cultura es española, pero en árabe". Lo dice riendo y no en árabe, sino en perfecto castellano.

Firmas para salvar los Juegos Moriscos de Purchena

Prueba de lucha morisca [foto LA VOZ DE ALMERÍA]
Una asociación cultural pide la colaboración de la Junta y de la Diputación

Comienza un año más y lo hace, de nuevo, con la celebración de los Juegos Moriscos de Purchena en el aire. Eso es lo que se desprende de la campaña de recogida de firmas iniciada en internet por la Asociación Cultural Juegos Moriscos de Purchena en una conocida plataforma digital.

El nombre de la campaña habla por sí solo del preocupante futuro que este colectivo vislumbra para los juegos de ‘Aben Humeya’: “Apoyo a los Juegos Moriscos de Purchena. Este evento histórico-deportivo y cultural podría desaparecer”. Esta es la sentencia que encabeza la página en la que se pide la firma al visitante para “preservar” todo un legado “respetuoso con todas las culturas y religiones”.

En la petición, dirigida a la presidenta de la Junta de Adalucía, Susana Díaz y a su homólogo en la Diputación de Almería, Gabriel Amat, también se advierte de que la desaparición de los juegos como hasta ahora se conocen supondría “la pérdida de una celebración histórica y deportiva de origen árabe”.

Celebración asegurada  
No debe carecer de fundamento la petición de ayuda de esta asociación de Purchena cuando el propio alcalde del municipio, Juan Miguel Tortosa, ya ha estampado su firma digital y ha pedido la colaboración de sus contactos.

Sin embargo, el alcalde purchenero ha aclarado a LA VOZ que los juegos “no peligran” y que se celebrarán “de una manera o de otra”. Por lo tanto, lo que realmente se intenta salvar es el tradicional modelo bajo el que se ha celebrado este espectacular evento. Que unos juegos “dignos” sigan siendo posibles.

Para el regidor, es “una lástima” que un evento que es “Fiesta de Interés Turístico Nacional y con el reconocimiento del COI” se convierta en algo “chabacano” por falta de apoyo institucional. “Es un llamamiento a todas las instituciones que nos puedan ayudar”, ha puntualizado Juan Miguel Tortosa.

Por el momento, la campaña ha recogido alrededor de 800 firmas (acumulaba 783 en la tarde de ayer), por lo que está a sólo 200 de lograr el objetivo de las 1.000 firmas de apoyo a los Juegos Moriscos de Aben Humeya. Lo que es seguro es que este verano, los atléticos moriscos volverán a conquistar Purchena otro año. Falta por saber el cómo.

La Diputación, abierta a estudiar la ayuda
La Diputación Provincial destina una ayuda de 2.000 euros para este evento, según el Ayuntamiento. El vicepresidente de la Administración provincial, Javier Aureliano, recordó ayer que fue el PSOE cuando gobernaba quien “quitó” la subvención que el PP “recuperó”. Aún así, aseguró que la Diputación está dispuesta a sentarse con el ayuntamiento y “estudiar” la ayuda. Igualmente, denunció que es la Junta de Andalucía la que no tiene “ninguna” partida destinada para este acto.

Fuente: http://www.lavozdealmeria.es/vernoticia.asp?IdNoticia=53771&IdSeccion=5

Firma la petición. Pinchar aquí.


La expulsión de los moriscos de Baena

Juan Aranda Doncel 14/12/2013
Los naturales del Reino de Granada expulsados de Baena. Estudio preliminar y edición: Jesús L. Serrano Reyes. Transcripción: María Luisa Vílchez Rodríguez. Edita: Fundación Centro de Documentación Juan Alfonso de Baena. Publicación: Diputación de Córdoba y Ayuntamiento de Baena.
A la rica y extensa bibliografía sobre el tema de la expulsión de los moriscos se suma este libro que acaban de publicar la Diputación de Córdoba y el Ayuntamiento de Baena a través de la Fundación Centro de Documentación Juan Alfonso de Baena.
El volumen a color, con 460 páginas, reproduce en formato facsimilar un documento que se encuentra custodiado en el Archivo Histórico Municipal de Baena. En él se recoge la tramitación llevada a cabo en esta localidad para la expulsión de los moriscos desde el 9 de noviembre de 1609 hasta el 14 de febrero de 1610 en que debieron salir de Baena.
Esta nueva aportación va precedida de un estudio preliminar y de la transcripción del mencionado documento. El difícil manejo de todo lo más importante que ha ido aflorando en la historiografía sobre el tema aparece en esta cuidada edición sintetizado en un despliegue del contexto histórico, donde se guía al lector hacía la comprensión del documento baenense usando desde las fuentes más actuales a las de la época.
Además de una panorámica histórica muy completa que arranca desde las Capitulaciones de Granada (1491) hasta desembocar en los años de la expulsión, el editor ha investigado sobre personajes baenenses de la época que tienen relación con los moriscos, aportando nuevos datos. Ofrece una nueva fuente histórica para documentar la participación de Luis Carrillo y Sotomayor en el sofocamiento del Valle de Laguar; revela el papel del padre de este joven poeta, Fernando Carrillo, que fue presidente del Consejo de Hacienda, en relación con los temas económicos que atañen a los moriscos; pone al día las fuentes para una biografía de Juan Latino, poeta negro que fue catedrático de latín en la Universidad de Granada y apologista de Juan de Austria y de la expulsión de los moriscos en su Austrias Carmen e identifica a Juan Jiménez Colodrero como padre del poeta Miguel Colodrero de Villalobos, siendo uno de los cristianos viejos que estos proponen para que los acompañen en su expulsión.
La investigación incluye un estudio demográfico por parroquias, por edad, sexo, facilitando una nómina de 297 moriscos que figuran en un apéndice final con nombres y apellidos.
Es todo un acierto facilitar este documento de forma legible mediante una excelente transcripción. Tanto los interesados en la lectura de temas históricos como los investigadores tienen ante sí una nueva y fructífera aportación dispuesta para su disfrute.

Prueban el origen morisco de Álvaro Cubillo de Aragón, dramaturgo del Siglo de Oro

Uno de los archivos utilizados por
 Otero en su investigación
Una investigación saca a la luz documentos inéditos que prueban la permanencia en España del autor granadino y su parentela tras la expulsión decretada en 1609 por Felipe III
La revista Il Confronto Letterario, editada por la Universidad de Pavia y una de las más importantes en lo que a literatura y arte medieval y moderno se refiere, publica en su último número un artículo monográfico dedicado al dramaturgo Álvaro Cubillo de Aragón, coetáneo de Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Lope de Vega y autor, entre otras obras, de El enano de las musas, Curia leónica, El Conde de Saldaña o Las muñecas de Marcela. En esta ocasión, la publicación no pretende recuperar la producción literaria del granadino, sino revelar una parte de su pasado oculta durante siglos: su origen morisco.
Las pruebas han sido encontradas y documentadas por Santiago Otero Mondéjar, doctor e investigador del Área de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba, en el Archivo Histórico Nacional y viene a reforzar las investigaciones que prueban la permanencia de los moriscos en España tras su expulsión en 1609, y cómo algunas de las familias que alcanzaron cierta notoriedad en las décadas y siglos posteriores provenían precisamente de esa comunidad morisca. Para Santiago Otero, el de Álvaro Cubillo de Aragón es un nuevo caso de “un individuo de ascendencia morisca cuya transcendencia traspasa la vida cotidiana de la minoría granadina en Castilla”, sumándose de esta manera al reducidísimo grupo de personajes que destacaron en el ámbito político, cultural o intelectual de aquellos tiempos, tales como Francisco Núñez Muley, el traductor Miguel de Luna o el jesuita Ignacio de las Casas, moriscos todos al igual que Álvaro Cubillo de Aragón.
La permanencia de los moriscos fue conocida por la Corona, la misma que decretó su expulsión. Al menos así tratan de probarlo investigaciones como la de Santiago Otero, que subraya el hecho de que fue el propio Felipe IV quien certificase la ascendencia cristiana de Álvaro Cubillo en 1622 y 1623 a través de dos cédulas reales conservadas en el citado archivo. Una “limpieza de sangre” a la que tuvieron que someterse no pocos españoles para poder seguir viviendo en la que fue su tierra durante siglos y cuya permanencia se cuenta por cientos como está siendo probada por el equipo de investigación del profesor Enrique Soria Mesa.
El artículo de Il Confronto Letterario reconstruye minuciosamente la genealogía de la parentela más próxima al dramaturgo granadino, a la que el autor, que continúa sus investigaciones en Liverpool, señala como descendientes de “caballeros moros del reino de Aragón”, naturales de Granada y alistados en el Campo de Calatrava tras la rebelión de las Alpujarras.

Fallece en Boston el hispanista sevillano Francisco Márquez Villanueva

Foto: EUROPA PRESS/SAN FRANCISCO DE PAULA
SEVILLA, 15 Jun. (EUROPA PRESS) 
   El hispanista sevillano Francisco Márquez Villanueva, catedrático emérito de Literatura en la Universidad de Harvard (EEUU) e Hijo Predilecto de Andalucía en 2004, ha fallecido este sábado, a los 82 años de edad, en la ciudad estadounidense de Boston.
   Así lo ha dado a conocer el colegio 'San Francisco de Paula' de Sevilla y la Fundación Goñi y Rey en un comunicado en el que han lamentado la muerte de "uno de los alumnos con más reconocimiento internacional" de dicho centro, en el que Márquez Villanueva cursó sus estudios en la década de los cuarenta.
   Posteriormente, en los años cincuenta, el también doctor en Literatura por la Universidad de Sevilla y candidato al Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2009, se incorporó al claustro docente del 'San Francisco de Paula' como profesor de inglés hasta que "se vio obligado a marcharse a Estados Unidos para poder desarrollar con plena libertad su carrera como profesor de Literatura".
   Pese a su marcha al extranjero, el profesor Márquez, "uno de los cervantistas más destacados a nivel mundial" y autor de múltiples publicaciones sobre las aportaciones judías y árabes al factor hispano, continuó vinculado al mencionado colegio sevillano, ya que, según ha informado el propio centro, lo "visitaba continuamente de manera natural y espontánea, no forzada".
   Además, en el pasado mes de noviembre decidió donar parte de su fondo bibliográfico al 'San Francisco de Paula', que decidió rotular con su nombre su biblioteca, al tiempo que, días más tarde, aceptó el cargo de Patrono de la Fundación Goñi y Rey, constituida a finales de ese mismo mes.
   Francisco Márquez Villanueva era, además, uno de los cinco socios de honor de la Asociación 'Rey Guerrero' de Antiguos Alumnos junto a Manuel Losada Villasante, Manuel Del Valle Arévalo, José María Luzón Nogué y Juan Antonio Yánez-Barnuevo.
   Según el colegio sevillano, este Hijo Predilecto de Andalucía siempre se mostró satisfecho de su paso por el 'San Francisco de Paula', en el que, según afirmaba, aprendió a "respetar profundamente al alumno, con honestidad y sinceridad", así como que "la enseñanza es un acto de amor, tanto a la materia que se imparte como a la enseñanza en sí".

"UN ESPAÑOL EJEMPLAR"

   El director del colegio, Luis Rey Goñi, ha definido a Márquez Villanueva como "un español ejemplar" y una "figura mundial del hispanismo" que "pasó su vida realzando la historia intelectual de España, sus figuras más destacadas y los aspectos más complejos y desconocidos de nuestro pasado".
   Desde la "prestigiosa" cátedra de Harvard, ha añadido en una nota, "engrandeció su país con el patriotismo más valioso, el de la honestidad, el esfuerzo y la búsqueda de la verdad sin vanos dogmatismos". "Su compromiso con la educación, la cultura y el progreso de España han sido permanentes hasta el final de sus días", ha aseverado Rey.

La UGR y la Universidad de Valencia publican “Los moriscos: expulsión y diáspora”


Con el título Los moriscos: expulsión y diáspora, las universidades de Granada y Valencia publican un volumen, con edición a cargo de Mercedes García-Arenal (profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Departamento de Estudios Árabes, Madrid) y Gerard Wiegers (profesor de Estudios Islámicos en la Universidad de Leiden, Holanda), en el que se explica cómo se llegó a la decisión de expulsar a los moriscos, las causas aludidas en defensa (y en contra) de la medida, así como el contexto histórico-político que contribuye a explicar la medida adoptada en aquella primera década del siglo XVII.
Entre los episodios de limpieza étnica, política y religiosa, la expulsión de los moriscos constituye uno de los más importantes. “Se nutrió de una ideología que defendía esta medida en pro de la unidad religiosa –afirman los responsables de esta edición– porque consideraba fracasados los procesos de completa asimilación cultural y de plena integración religiosa que decía perseguir”.
El libro da cuenta, también, del contexto ideológico, el papel de las diferentes instancias implicadas en la decisión, incluido el Vaticano, la coyuntura internacional en las políticas de la Monarquía Hispánica y de cómo los poderes europeos y eurásicos consideraron la expulsión y actuaron respecto a ella.
El volumen, de 482 páginas, da cuenta, en su segunda parte, a discernir qué pasó durante y después de la expulsión, cuáles fueron los destinos de la diáspora morisca y su fortuna en distintos lugares de paso (como Italia y Francia) y de acogida, los países del Norte de África y el Imperio otomano.
Tanto en la primera como en la segunda parte de este libro se hace hincapié en la consideración de la expulsión de los moriscos como cuestión que estuvo lejos de afectar solamente a la península Ibérica.
Igualmente se presta atención a las propias estrategias de los moriscos y no solo a su papel de víctimas, uno de los aspectos más novedosos de este libro.
Así, esta visión “internacional” se ve refrendada por la diversidad tanto metodológica como disciplinar de los autores que participan en el volumen, permitiendo considerar, de este modo, el problema tratado como un complejo prisma de muy diversas caras, imbricadas y conectadas entre ellas.
En Los moriscos: expulsión y diáspora participan veinte especialistas y profesores de distintas universidades del mundo.

Justo Navarro nos sumerge en la Alpujarra para recrear la rebelión de los moriscos con 'El país perdido'

Justo Navarro. Foto: EUROPA PRESS/
PHOTOGRAPHER PAKO MANZANO

Este título, de la colección 'Ciudades andaluzas en la Historia', combina el ensayo histórico, la narración y el relato de viajes

   SEVILLA, 17 Abr. (EUROPA PRESS)     
   El escritor Justo Navarro presenta el libro 'El país perdido. La Alpujarra en la guerra morisca', un nuevo título de la colección 'Ciudades andaluzas en la Historia', editada por la Fundación José Manuel Lara. En esta obra narrativa que combina el relato, el recorrido histórico y la descripción geográfica sobre el terreno, el autor retrocede más de 400 años y nos muestra --también en un cuaderno de imágenes-- un país rico y abierto al mundo a través de sus huertos y de los mercados de la seda, pero que acaba convertido en campo de batalla por culpa de la guerra de la Alpujarra (1568-1571), que conllevó tras tres años de asedio, la definitiva expulsión de los moriscos.
   En 'El país perdido', La Alpujarra, inagotable y múltiple, es también el foco de un episodio culminante de la historia de España, que según Juan de Austria significó el final de la Reconquista. La sublevación morisca fue una guerra determinada por las características del territorio, que se extiende por la vertiente sur de Sierra Nevada y las faldas de las sierras costeras hasta el Mediterráneo, entre los ríos Guadalfeo y Andarax. Vergel y tierra escarpada, la Alpujarra es un país incitante y a la vez hermético, encastillado en la naturaleza y con prestigio de irreductible frente a los invasores prerromanos, romanos, godos o árabes.
   Según la información facilitada por Fundación José Manuel Lara, Navarro señala que la monarquía que nace con el Estado moderno "exigía que esa importante presencia social, económica y cultural, que eran los moriscos del reino de Granada, desapareciese de España. La Corona implicaba la existencia de una única ley, de una única religión muy ligada al sistema legal, de una sola cultura", por eso, continúa, "la rebelión de la Alpujarra pudo ser un hecho provocado". Asimismo, afirma que esta zona fue el centro de la guerra porque "era un vergel y una fortaleza natural con fama de irreductible".
   Además, el autor afirma que la Alpujarra era la tierra de la seda, y "la seda era una fuente de ingresos muy importante que aportaba el reino de Granada a la Corona", por lo que "esta actividad era motivo de rivalidad económica entre los cristianos nuevos del reino de Granada y las ciudades sederas de Castilla". En sentido, añade que los principales cabecillas del alzamiento "pertenecían a familias dedicadas a la seda, un mundo netamente morisco", y una población "muy rentable", que "sostenía prácticamente el aparato", ya que "se les hacía pagar los efectos derivados del especial cuidado que había que tener con ellos, por sus relaciones con el norte de África".
   Igualmente, y sobre en qué momento se rompe la última posibilidad de convivencia entre cristianos viejos y cristiano nuevos --los moriscos--, Navarro explica que los moriscos "pagaban por mantener su manera de vestir, de comer, de disfrutar de sus fiestas y de sus ritos, aunque solo fuese en el espacio de su familia. Era como si permanentemente pagasen un rescate, un precio por que se les dejase vivir según sus costumbres y hablar como sabían hablar. Con dinero habían conseguido ir aplazando el cumplimiento de las leyes", pero "eso se acabó el primer día de 1568, cuando se pregonó la pragmática que mandaba ejecutar todas las prohibiciones dictadas hasta entonces".
   "La intención de la nueva monarquía era extirpar a unos individuos que no se ceñían al modelo de súbdito que deseaban. Pero la eliminación definitiva de los moriscos estuvo precedida por un proceso de expolio continuado, ejecutado por los funcionarios judiciales y eclesiásticos. Las viejas relaciones de vasallaje habían pasado a la historia", continúa Navarro, quien cuestionado por cuál es la versión "más verosímil' de los tres los tres cronistas de la rebelión --Mármol Carvajal, Pérez de Hita, junto a Hurtado de Mendoza-- añade que "todo lo que sabemos de esta guerra lo escribieron cronistas que pertenecían la bando vencedor. Creo que es algo que hay que tener en cuenta".
   El autor presenta 'El país perdido' este jueves, a las 19,30 horas, en el Hall del Teatro CajaGranada de la capital granadina, un acto que, organizado por CajaGranada Obra Social, contará con la participación de Alejandro V. García. Además, el viernes 19 de abril, a partir de las 21,00 horas, participará en la Feria del Libro de Granada. Estará en la caseta de firmas de la Feria en Puerta Real, junto a las Fuente de las Batallas.

Moriscos y gitanos en Venezuela


Por: Valentina Ruiz Leotaud vruiz@cadena-capriles.com

Aunque se mantienen con un perfil bajo, en el país existen inmigrantes y descendientes de estos grupos étnicos

Moriscos: encontrándose a sí mismos
Aunque por definición son los musulmanes que habitaron en España desde el siglo VIII hasta el XV y que fueron bautizados cuando los Reyes Católicos retomaron el poder de la península, tras casi ocho siglos de dominación islámica, en la actualidad es obvio que el término se refiere a los parientes de aquellos.
Perseguidos por sus creencias, algunos fueron tocando América durante la Colonia y en particular tras 1609, cuando fueron expulsados del reino; unos cuantos lograron hacerlo tras haberse “diluido” entre los gitanos, que arribaban al Nuevo Mundo como obreros o esclavos. “Llegaron a tres puntos muy específicos: Chile, Argentina y Venezuela y lo que más ama un morisco y un árabe es un caballo, de ahí que se hayan apostado en los llanos”, resume María Alejandra Cachima, quien suma más de una década indagando sobre sus raíces.
Su abuelo zaraceño fue uno de los puntos de unión que encontró con los asentamientos moriscos en Guárico. No obstante, advertir eso le tomó años: “Yo preguntaba de dónde era mi apellido y la respuesta era: ‘Es indígena’. Como yo estuve en la milicia, un comandante me puso como castigo que averiguara ese origen y nada. Al final, en 2006, encontré una lista de la ‘Visita inquisitorial al Obispado de Almería en 1561’ y ahí se nombra a una María Cachima, que es ancestro mío de 13 generaciones atrás”, indica, mostrando el documento donde se determina que esa señora era morisca.

Entre bailes y cantes
Indagando más, María Alejandra detectó que los que labraban la tierra guariqueña, cuando no era un estado sino la hacienda de un español del siglo XVII, eran gitanos y moriscos. “Lo más interesante es que, justamente, la mayoría de los Cachima vive en Zaraza”, apuntó y más adelante señaló otro vínculo: “Como instauré la página web Moriscos de Venezuela, alguien de Egipto me escribió diciéndome que realmente el apellido es Wasima, muy común en algunas zonas de Marruecos. Yo pensé que podía ser una transliteración y luego supe que hay un pueblo en Guárico con una quebrada que se llama Guasima; eran demasiadas coincidencias”, explica.
¿Qué gana esta abogada con su exploración?: Respuestas. “El asunto es que yo nunca me he asemejado a nadie en mi casa, soy distinta en apariencia, costumbres y actitudes, soy como un salto atrás. Además, desde pequeña he tenido comportamientos que no eran enseñados en el hogar: amaba el flamenco con locura, por más que nunca lo hubiese bailado, y desde chiquita hice danza oriental porque estaba en mis genes; por otro lado, mi forma de vestir y de maquillarme ha sido la misma desde los 15 años y yo decía, ¿por qué será?”, evocó.
En vista de esto, hace más de un decenio incorporó a su búsqueda atávica el aprendizaje de esas danzas que le movían el alma y, claro, entendió que son producto de las fusiones andaluzas, musulmanas, gitanas, moriscas y hasta judías que se había dado en la Madre Patria. “Y como dice Paco de Lucía: ‘En la mezcla está la pureza’, también empecé a ver otras conexiones como que el joropo tiene mucho del baile flamenco, incluyendo la falda”.

Legado
            Como el arte en movimiento fue, en parte, lo que la impulsó a profundizar en las lides antes descritas, en 2007 Cachima instituyó Moriscas, un espacio donde recrea los montajes de sus antecesores. “Por la mezcolanza, me tomó bastante tiempo sistematizarlos para poder impartirlos porque no es flamenco, no es hindú ni es completamente oriental”, subraya.
A su empresa se sumaron su esposo, Freddy Medina, quien ejecuta el derbake, y su hijo, si bien no llegan a las honduras de Alika Al Shahlaa, apodo de la ahora profesora. “Yo fui criada en la religión católica pero esto es tan profundo que, en 2008, comencé a estudiar el Islam y descubrí que es la religión perfecta porque es la única que da respuesta a absolutamente todo. No voy a la mezquita, porque tu relación con Alá es personal; sin embargo, sí recuerdo a Dios permanentemente y le agradezco por lo que tengo, haciendo las cinco oraciones del Salat”.
Otra práctica diaria, a la que ha sumado a los suyos, es la de sorber té verde con menta al mediodía y en la noche. “Lo tomaba porque me parecía rico y después fue que leí que en Marruecos es típico beberlo así, al igual que hacer algo que yo he hecho siempre: comer el postre antes de la comida.

Traje tradicional: Para ciertos encuentros religiosos le ha tocado usar el hiyab. Para los bailes y cotidianidad usa ropa de colores fuertes, cinturones con guindalejos brillantes, faldas amplias unicolores o con arabescos y blusas que exhiban el vientre y que pueden tener decoraciones con cristales.
Accesorios: Zarcillos largos y recargados, infinidad de pulseras o una que se une a la mano con hilos dorados y un anillo, tobilleras con colgantes, pirsin en la barbilla.
Peinado: Cabello largo, negro azabache, suelto. En ocasiones se añade una rosa roja.
Maquillaje: Ojos con líneas negras gruesas que terminan en puntas largas arriba y abajo, sombras de colores que ocupan el párpado entero hasta la ceja. A veces se colocan aplicaciones brillantes en los extremos de los ojos, en el contorno de la ceja o en la sien. Labios rojos, bien delineados. 
Música: Morisca, árabe e hindú. Instrumentos: tambores de cuero y derbakes, oboes, clarinetes.
Baile: Danza del vientre aunque, en el caso de la morisca, el movimiento de los brazos y los hombros es más pronunciado.
Comidas: Cuscús, garbanzos, postres con exceso de azúcar. 
Religión: Islámica.
Lengua: Árabe.

Miguel de Luna y los moriscos de Toledo: “No hay en España mejor moro”


Mercedes García-Arenal
CCHS. CSIC. Madrid

                                                                                         
Miguel de Luna, el morisco granadino conocido sobre todo como autor de la falsa crónica Historia verdadera del Rey Don Rodrigo y como traductor, apologista y posible participante en la fabricación del fraude de los llamados Libros de Plomo del Sacromonte, nos era familiar bajo su faceta, que él defendía, de “cristiano arábigo”. Se presenta aquí nueva documentación que revela su conexión con moriscos criptomusulmanes de Toledo y su participación en redes moriscas. Esta nueva documentación obliga a una nueva lectura del personaje e incluso de los Plomos.

Miguel de Luna, morisco de Granada, es conocido principalmente por dos actividades: por su participación como traductor, y posible factor, junto con Alonso del Castillo, de los Libros Plúmbeos del Sacromonte por un lado, y como autor de una falsa crónica histórica conocida como Historia verdadera del Rey Don Rodrigo (1). El hallazgo de nuevos documentos de archivo nos permitió hace unos años llevar a cabo una revisión ampliada de su persona y de su obra, revisión por la que se confirmaba como una figura extremadamente rica y compleja, que superaba la imagen hasta cierto punto secundaria que hasta ahora se tenía de él cuando era considerado junto a Alonso del Castillo y que mostraba por otro lado que el parentesco que se suponía entre ambos no tenía fundamento. Ese trabajo fue publicado en esta revista en 2006 y luego, notablemente ampliado tras nuevos hallazgos documentales, en una obra colectiva dedicada a los Plomos del Sacromonte (2). Médico y traductor, inventor o falsario, apologista militante de la autenticidad del Pergamino y los Plomos del Sacromonte, la obra y la actividad de Miguel de Luna tienen una notable coherencia: en esos trabajos mostrábamos cómo la estrategia y los objetivos de Luna estuvieron encaminados a defender y preservar señas culturales de la identidad morisca separándolas de la religión islámica que se da por perdida: la lengua árabe en primerísimo lugar, pero también una determinada concepción de la medicina y de la higiene, por ejemplo, que suponen una filosofía. Su obra está encaminada, sobre todo, a reescribir los orígenes de la historia del cristianismo en la Península con el fin de conseguir que su población de origen árabe sea considerada “natural” o “nativa” de la misma (parte consustancial de “los nuestros”) y sus miembros no solo no sean expulsados como invasores ajenos, sino que puedan acceder a honras y privilegios. Es una estrategia que coincide con la del Memorial de Fernando Núñez Muley y con la de otros moriscos de la élite social e intelectual que pretendían tender para sí mismos una suerte de puente con la sociedad cristiana y, así, asimilarse a ella y disfrutar de sus privilegios al tiempo que preservar una serie de señas culturales que se les hacían irrenunciables sin que eso signifique en absoluto que siguieran siendo musulmanes in pectore (3). No hay signos de creencia islámica ni de defensa de la fe ni de polémica anticristiana en los escritos de Luna. Por el contrario, todas sus intervenciones implican siempre la muestra de la existencia de “moros” (de “arábigos”) que son buenos cristianos y en este sentido pretende influir sobre las autoridades y sobre la sociedad en la que vivió. Se definía a sí mismo como “cristiano arábigo”. En otro trabajo posterior a los dos mencionados aportamos nuevos indicios que apoyaban su participación en la invención del Sacromonte y mostramos la conexión, quizá incluso la amistad, entre el jesuita Jerónimo Román de la Higuera y Luna, ambos falsarios convencidos (4). Convencidos de que gracias a sus falsificaciones, sus respectivas ciudades (Toledo y Granada) podían henchirse de orgullo patrio y definir una identidad, antigua y sagrada, para sí mismas (traducible en privilegios), que permitiera al tiempo englobar a aquellos sectores de la población española que quedaban al margen de honra y gloria por virtud de la existencia de los estatutos de limpieza de sangre. Como tantos otros españoles de su tiempo, Luna parecía buscar una vía de integración en una sociedad que, dominada por la concepción genealógica que dictaba dichos estatutos, había cerrado a muchas personas el acceso al honor y a los privilegios. Lo que Luna pretendía, como lo pretendieron otros de sus contemporáneos, era diseñar una historia alternativa de la sociedad en que vivían —una historia necesariamente trazada a partir de sus orígenes sagrados cristianos— que permitiera la inclusión en ella de los grupos destinados a quedar en las márgenes: los cristianos de origen islámico o judío. Miguel de Luna no fue expulsado cuando se puso en vigor el decreto de expulsión de los moriscos de 1610. Murió en Granada, cristianamente, en 1615.

Abordamos, pues, el caso del morisco granadino Miguel de Luna, como ejemplo de los conflictos a los que dio lugar el gran proceso de confesionalización y unificación doctrinal y cultural de la España de los ss. XV y XVI. Luna es un ejemplo excepcional de la complejidad personal y de los dilemas a los que se vieron enfrentados moriscos en un nivel considerable de integración cultural en el medio cristiano y es también un ejemplo interesantísimo de la relación de individuos muy integrados con su propia comunidad de procedencia. Sus manifestaciones externas fueron siempre de persona que se comportaba como cristiano y que en tanto que tal fue aceptado por sus contemporáneos, cosa que no muchos moriscos consiguieron. Y sin embargo, he encontrado recientemente documentos inéditos que indican otra faceta nueva del personaje, que nos abren a su creencia mas intima de musulmán ferviente y militante. Hemos utilizado estos documentos en nuestro libro (escrito en colaboración con Fernando Rodríguez Mediano) Un Oriente español: los moriscos y el Sacromonte en tiempos de Contrarreforma (Madrid, Marcial Pons, 2010) pero vamos a presentar aquí una versión condensada. Lo consideramos una cortesía ineludible para con Chronica Nova, tanto la revista como sus lectores. Las conclusiones que expusimos en el artículo publicado en 2006 no varían en lo esencial, pero sí la consideración del personaje y su relación con la comunidad islámica de la que procedía.

Una visión diferente (a la que tenía, por ejemplo, el arzobispo Pedro de Castro) la presenta muy explícitamente su colega intérprete y traductor Alonso del Castillo que en 1600 escribía a la Inquisición de Granada. Sabemos que desde años anteriores Miguel de Luna, que traducía cartas del Xarife para el duque de Medina Sidonia, estaba intentando emprender una nueva carrera, quizá a imitación del cura morisco Diego Marín, a medias entre intérprete y agente español en Marruecos, para lo cual alega entre otras cosas su experiencia en traducir cartas durante el levantamiento de las Alpujarras, cosa de la que no teníamos la menor noticia. Como se sabe bien, buena parte de los moriscos que participaron en la interpretación de documentos y en las negociaciones para la “reducción” de los rebeldes de las Alpujarras, siguieron luego ejerciendo las habilidades adquiridas en las relaciones con Marruecos. Nótese que esta carta es anterior a la aparición del Pergamino y de los Plomos sacromontanos: pertenece pues a una etapa de la vida de Luna de la que sabemos poco. En particular, aspira a obtener el puesto de Alonso del Castillo, ya muy viejo según él, y falto de fuerzas. En 1584 escribía la siguiente carta al rey (5):
Miguel de Luna, vecino de Granada, besa las reales manos de VM y dice que hasta aquí a servido a VM en las ocasiones que se han ofrecido así en la guerra del dicho Reino de Granada como después con su persona y romancando las cartas y escrituras arábigas de aquel reino de que se siguió mucha utilidad así para rendir de los moros alzados como a personas particulares y de presente sirve a VM en lo que se ofrece como ahora lo ha hecho romancando las cartas del rey de Marruecos enviadas a VM y al embajador Pedro Venegas de Córdoba y porque siempre en el dicho reino ha habido romancadores nombrados por los reyes de gloriosa memoria predecesores de VM para el dicho efecto y haber VM hecho merced al licenciado Castillo de le admitir por criado en su real servicio con asistencia en esta corte que es la persona que hacia este oficio y por quedar baco él de fuerza ha de usarlo en el dicho reino así por no haber quien lo entienda tan bien como por concurrir en el las calidades que se requieren para lo usar y para lo poder ejercer como es obligado tiene necesidad de licencia de VM a quien humilmente suplica le haga merced de nombrar para el dicho efecto que en ello recibirá mucho bien y merced (Al dorso de la carta: Miguel de Luna, vecino de Granada. A 16-4-1584. Al señor Juan Vázquez. “Que se haga”).
Castillo no compartía esa opinión, ni le complacía que se hiciera. Y así escribió advirtiendo lo poco conveniente que sería enviar a Miguel de Luna a Marruecos a tener trato con el Xarife. “A mi noticia ha venido que el Rey nuestro Señor ha determinado a enviar, según me han dicho a hablar y trabar negocios con el rey Xerife de África a Miguel de Luna, vecino desta ciudad de Granada y natural y morisco de los de contrabando, y por ser de la calidad que es suplico a Vuestra Señoría avisar a ello para que se mire mucho y no nazcan algunos inconvenientes de ir semejante persona a tierra de moros” (6). “Semejante persona”, morisco de los de “contrabando”, es decir, ¿del bando contrario? O ¿de los que estaban a dos bandos? Es una muestra más (ya habíamos encontrado otras) de que Alonso del Castillo no tenía buena consideración de Luna, a quien acusó de saber poco árabe, de ser mal traductor y persona de la que no se podía uno fiar. Una mala opinión, incluida la que refleja esta carta, que podía estar motivada por rivalidades profesionales tales como que Luna quisiera ocupar su puesto antes de tiempo. La acusación de no ser un converso sincero o de no ser sincero en la práctica del cristianismo que tiñó toda la consideración de la sociedad cristiana vieja hacia los cristianos nuevos se convierte en un “topos” que utilizan también los propios conversos para dirimir problemas y querellas internas.

Pero, de manera inesperada, Miguel de Luna aparece en el proceso inquisitorial de un morisco tendero y mercader de Toledo llamado Jerónimo de Rojas, nacido en Hornachos, que fue procesado por el tribunal del Santo Oficio de su ciudad entre 1601 y 1603 y condenado a la hoguera (7). El haber dado con este texto es totalmente azaroso y se debe a una búsqueda sistemática que he estado realizando en procesos de Inquisición para recopilar información acerca de conocimiento y práctica de lengua árabe por parte de los moriscos castellanos, así como de la tenencia y circulación de libros árabes entre ellos (8). El de Jerónimo de Rojas es un proceso muy grueso, interesantísimo por excepcional: Jerónimo, convencido de su capacidad de sobornar a los guardias de la cárcel, así como de la de su mujer, que practicaba la magia, para abrir puertas y hendir paredes, fue extraordinariamente locuaz y confiado tanto en sus interrogatorios con los agentes inquisitoriales como, y sobre todo, con su compañero de celda que, claro, se explayó en trasmitir las confidencias de Rojas y la discusiones que mantenía con él. Cuando se vio perdido, lejos de amilanarse o desdecirse, se volvió desafiante. Hablaba de sus creencias mas íntimas, de su “cosmogonía”, escribía cartas a sus parientes y amigos (incluidas en el proceso) que el creía llegaban al exterior por esa confianza que tenía en haberse propiciado a unos guardias, da instrucciones a su mujer y a su hija, cuenta sus conocimientos de árabe, de islam, de cómo y con quién los ha adquirido: discute vehementemente sobre la imposibilidad de que Jesús sea Dios ni exista la Trinidad, se opone a la confesión, no cree en los santos y reniega del culto a las imágenes, “ques maldad y traicion lo que han inbentado de adorar imagines de palo y de piedra”. Mantiene una actitud fuertemente polémica contra el cristianismo, es decir, que sus creencias o al menos aquellas de las que habla, son aquellas que confrontan las propuestas del catolicismo. También afirma que “es moro y vive en la creencia de la secta de Mahoma porque esta es la buena, cierta y verdadera creencia para la salvación de las almas y que la ley de Jesuchristo es falsa y engañosa y lo que la Iglesia determina y tiene, errado y sin fundamento [escrito por] concilios y juntas, que para eso se han inventado el latín para que no se acabe de saber lo cierto que esta en lengua arábiga hablado por boca de Dios y que todos los demás libros que se escribieron auctores son mentira e inbenciones que miren las hojas que se han hallado en Granada en arábigo en los libros que el Arzobispo allí ha descubierto en el Monte Santo donde dice Dios que no tubo hijo porque es engaño y que allí el dicho Arzobispo se va enseñándose el arábigo porque ha entendido esta errado”. Rojas, pues, había oído hablar de los Libros de Plomo de Granada y de cómo estos contenían la verdadera versión del cristianismo, hasta el punto en que el propio arzobispo de Granada, don Pedro de Castro, se había puesto a estudiar el árabe. No tardamos en saber porqué Rojas sabía esto.

Las declaraciones del reo son sumamente interesantes, pero también las de los testigos, en particular las de su compañero de prisión. En las testificaciones diversas que traen a Rojas a la Inquisición incluyen las de otro morisco anónimo, testigo de la acusación, que declara que Rojas quería aprender bien a escribir en arábigo y que había buscado a Francisco Enríquez, morisco de Granada, que lo sabía bien “aunque no era gran letrado en su secta”. Rojas se reunía con los moriscos más cultos de Toledo en casa de otro mercader del Alcaná (el mercado de la seda) de Toledo, también morisco de Granada, que era pariente de Miguel de Luna y del que el proceso no proporciona el nombre. Y ahora parafraseamos casi literalmente el proceso pues pensamos que merece la pena detenerse detalladamente en este documento y en su propia formulación, pues es el único que hemos encontrado hasta ahora que nos presenta una faz diferente de Luna: Rojas había dicho al testigo “que este mercader que tiene tienda en el Alcaná es muy lindo moro y de muy gran confianza y secreto y pariente muy cercano del licenciado Luna interprete que está en Granada y que en dos jornadas que el dicho licenciado Luna ha hecho en esta ciudad dende Navidad y próxima Pascua pasada aca, ha posado en casa del dicho mercader su pariente a donde se han juntado algunos buenos moros a verle y le han regalado mucho. Y el dicho licenciado Luna les declaro como en las hojas de plomo que se han hallado en el Monte Santo de Granada esta escripto de mano de Jesucristo como el mismo dixo que ni era Dios ni hijo de Dios ni Dios tenia hijo, que no se engañasse nadie, y que en el día del juicio los miserables christianos engañados, quando se vean condenar, yran a Jesuchristo a decir ‘¿por qué nos engañaste?’, y este se descartara diciendo en ninguna parte esta escripto que el dixesse que era hijo de Dios sino que ellos con su latín y en sus concilios lo han venido a decir y le dirá al nabi (ques Mahoma) ‘nabi, volved por mí y decidles a estos lo que supiste en el mundo de la gente de la verdad’, y el nabi dira como Jesuchristo nunca dijo que era Dios sino profeta”. Es decir, que este proceso nos proporciona la imagen de un Luna que se reúne a escondidas con los moriscos más fervientes de Toledo que le esperan y le escuchan como a persona de autoridad en “su Ley”, que los alecciona y que esgrime el texto de los Libros de Plomo para probar que Jesucristo no tiene naturaleza divina, y que los cristianos, con sus concilios, han deturpado la revelación; es decir, lo que los musulmanes llaman tahrif. Este argumento de Luna insiste en lo que sabemos acerca de la recepción de los Plomos por parte de los moriscos (9). Se trata, para ellos, de un texto islámico que pone de manifiesto los errores en los que ha caído el cristianismo, que presenta una versión depurada de este, acorde con el Islam y ocultada o manipulada por la Iglesia. Una lectura por cierto, bien diferente de la que estaba defendiendo Luna en sus apologías dedicadas a las autoridades cristianas como hemos visto en trabajos anteriores. En este texto, Luna no parece considerar que los cristianos, esos “miserables cristianos”, sean “los nuestros”, lejos de ello. Una lectura, la de Luna, que enlaza también con las propuestas del Evangelio de Bernabé (10) y sobre todo con las del morisco al-Hayari. Las páginas de su obra Kitab nasir al-din le muestran como un ferviente partidario de la autenticidad del Pergamino y de los Plomos, genuinos documentos “cristianos” que, según él creía, confirmaban una “Cristiandad pura” y acorde con la ortodoxia del Islam. También al-Hayari, como Luna, pensaba que era su deber contribuir al conocimiento y a la difusión del mensaje que los Plomos contenían (y así lo hizo desde Rabat a Túnez) confiriendo a su lectura una importante faceta de polémica anticatólica (11).

Pero sigamos con el proceso. El dicho Rojas le había contado al testigo de la acusación (su compañero de celda) que estando el dicho Luna esta Quaresma próxima pasada en Madrid hablando con el Presidente de Castilla tuvo noticia de un traslado de Ceuta conteniendo los informes sobre un pleito de una fragata de moriscos huidos que se pasaba de Sevilla a Berbería cuando fue apresada, y los mayores de los moriscos habían sido trasladados a la Inquisición de Lisboa donde estaban presos, y los hijos pequeños se repartieron como esclavos entre los escuderos y soldados que habían capturado a la fragata en su fuga. Así vino a tener noticia Luna de una esclavilla de unos catorce años que había sido dada a un soldado. El dicho Luna le dijo al Presidente que hiciese que el dicho soldado le diese la dicha esclavilla por lo que le hubiese costado, porque en la peste de Granada al propio Luna se le había muerto todo el servicio de su casa. El Presidente se lo prometió, pero la esclavilla estaba en Cádiz, de sirvienta en casa de la madre del soldado. Como Luna iba de Madrid a Sanlúcar a tratar con el duque de Medinasidonia sobre correspondencia de Berbería que tenía que traducir (estos son sucesos que avalan lo dicho en la primera carta arriba transcrita, la de Luna al rey, y la consiguiente de Castillo) decidió que desde allí sería fácil ir a buscarla. Para ello, y cuando aún estaba en Toledo, pidió a Rojas y a los otros mercaderes que le dieran dinero para ayudar a rescatar a la esclavilla. Le dieron ochenta escudos en oro para tener todos parte en esta acción tan agradable a los ojos de Dios. “Y despues aca dice el dicho Rojas que an tenido cartas de Granada del licenciado Luna que tiene ya en su casa a la esclabilla”, de lo cual los moriscos toledanos se habían alegrado sobremanera. Luna, pues, participaba en una de las actividades más indicativas de las redes de solidaridad moriscas, el rescate de cautivos y el “repartimiento” de los dineros que había que reunir para ello; recolecciones comunitarias que se usaban para diversos fines: son conocidas las actividades del Chapiz de Granada recaudando “repartimiento” para evitar o retrasar la imposición de la Inquisición en el Reino de Granada (12), y las de otro Chapiz haciendo “repartimiento” antes de el decreto de Expulsión, para ayudar a salir de España a moriscos que no tenían dinero para ello (13). O las actividades de otro morisco también llamado Rojas, pero aparentemente sin relación con Jerónimo, Lope de Rojas, vecino de Bolaños, procesado en Toledo en 1542. Pertenecía a un grupo de moriscos que había querido escribir a Roma pidiendo que la Inquisición no les procesase si no hubiera tres testigos contestes de herejía, ni pudieran confiscar sus bienes, y para ello reunió dineros e hizo “repartimiento” entre los moriscos para la impetración, expedición y despacho del dicho breve (14). Estos repartimientos, como nos sigue explicando el proceso de Jerónimo de Rojas, se utilizaban también en ayuda de moriscos que habían salido del Santo Oficio inhabilitados y con sus bienes confiscados (15). En este caso se trata del licenciado Guevara, médico (“morisco que cura de cirugía”), a quien, cuando salió de la cárcel del Santo Oficio de Toledo inhabilitado y con sambenito, Rojas y los otros moriscos mercaderes del Alcaná le dieron 200 ducados de ayuda por haberse portado muy bien y no haber denunciado a nadie a pesar de los tormentos, sin haber siquiera dado el nombre (como, se nos dice, era lo habitual entre moriscos sometidos a tormento) de moriscos ausentes aunque estuvieran ya en Berbería. “Por eso le hicieron la ayuda, que dicen en la ciudad que se la hacen a todos los que salen de la Inquisición sin haber delatado a nadie ni aunque ya estén a salvo”. “Este Guevara se vio con Luna la última vez que Luna vino a la ciudad y trabó con el grande amistad y trataron juntos muchas cosas muy hondas de la secta porque no hay en España mejor moro que el dicho Luna, y que aunque el dicho Guevara sabe de la secta, no sabe tanto como Luna”. Rojas también le había indicado a otro morisco que quería libros de la religión islámica, pero traducidos al castellano: “que dentro de Toledo hallara este hombres muy sabios que le vendan libros trasladados en castellano de manera que lo entienda muy bien todo, y tratándole de si los habrá de muy buena letra dice que conforme al dinero que oviere para ello, y que hay hombres muy doctos y sabios que los corrigen y questos le dará a este a entender todo lo questa scripto”

Este proceso abre tan solo una rendija que nos permite percibir a Miguel de Luna como muy semejante a otros moriscos cultos coetáneos que hemos tratado detalladamente en nuestro libro Un Oriente español, tales como El Chapiz, López Tamarid, el propio Castillo. Personajes de los que podemos trazar su actuación pública, su ambivalente integración e incluso participación activa en diversas tareas de las autoridades cristianas, su papel de cabezas de su comunidad o al menos su implicación en las redes de solidaridad de esta, sus conocimientos letrados o científicos… Pero raramente nos podemos asomar a calibrar sus creencias sinceras, sus emociones o sus sentimientos profundos —y complejos— de pertenencia. De ahí que no hayamos usado nunca el calificativo “colaboracionista” con que se suele designar a muchos de ellos. En estas testificaciones de Rojas, sobre todo en las declaraciones a su compañero de celda, nos encontramos con algo verdaderamente infrecuente: un testimonio voluntario, no forzado por el interrogatorio de un tribunal, que nos deja ver una sociedad paralela y secreta de criptomusulmanes que se mantienen en contacto a través de su sistema oculto de contactos, de hospitalidad, de movimientos justificados por trabajos temporales. En realidad sorprende constatar la aparente facilidad con la que muchos de estos moriscos, y desde luego Luna entre ellos, iban de una comunidad islámica a otra. La de Luna es una especie de misión paralela o en respuesta a los esfuerzos de conversión y adoctrinamiento de las autoridades eclesiásticas, en la que el texto de los Plomos adquiere la significación de un texto islámico polémico dirigido en contra del cristianismo.

Un aspecto más del proceso que es digno de ser señalado porque es completamente inusual, es más, es contrario a procedimiento: Luna nunca fue llamado a testificar al Santo Oficio ni este parece haber incoado ningún tipo de expediente a su nombre, al menos en lo que consta a través de la documentación conservada. Ni siquiera su nombre se escribe en las márgenes de las hojas del proceso, como se hace con todos los nombres de personas que aparecen mencionadas en las testificaciones. Y eso que sabemos que Luna continuo visitando Toledo: en junio de 1607, la catedral de la ciudad solicitó traducción oficial de un documento árabe (mozárabe) y el alcalde de Casa y Corte Cristóbal de Villarroel proveyó que Miguel de Luna lo tradujera, cosa que hizo según traducción que se conserva fechada en ese mismo verano de 1607 (16). Quizá su cercanía a los miembros del Consejo de Castilla, de los que era traductor oficial, o de los propios miembros del cabildo de la catedral, frenara una actuación inquisitorial. Luna tenía buenos apoyos entre las autoridades eclesiásticas hispanas.

Resulta inevitable cerrar esta nota con una cita de Cervantes que parece reflejar parte de la historia que acabamos de referir en aquí. En la Primera Parte del Ingenioso Hidalgo don Quixote de la Mancha , capitulo IX, Cervantes dice: “estando yo un día en el Alcaná de Toledo llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero y como yo soy aficionado a leer, aunque sean papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía y vile con caracteres que conocí ser arábigos. Y puesto que, aunque los conocía no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyesse, y no fue dificultoso hallar intérprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua le hallara […]” El resto es conocido: se trata del manuscrito árabe que contiene la historia de Don Quijote, escrito por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Es como si Cervantes hubiera conocido a Miguel de Luna o hubiera sabido u oído de sus andanzas, de sus falsos historiadores arábigos, de lenguas más antiguas y mejores, de moriscos aljamiados intérpretes, del Alcaná de Toledo; de una antigua crónica, en fin, escrita por un supuesto historiador árabe de la que el autor es tan solo el traductor. Quizá Miguel de Cervantes hace un guiño acerca de una historia que corriera de voz en voz, o que fuera más conocida de lo que a nosotros ahora nos parece puesto que ha costado tanto reconstruir. Parece como si Miguel de Cervantes hablara de Miguel de Luna.

Esta nueva faceta de la personalidad de Luna nos lleva a hacer una lectura del texto de los Plomos en clave de texto de polémica religiosa. Pero cabe preguntarse, dados los esfuerzos de Luna por defender el derecho a privilegios y honra de algunos linajes moriscos, por argumentar el derecho a la permanencia y a la consideración de “naturales” de la tierra de los que eran buenos vasallos, a intentar influir sobre una perspectiva diferente de la historia de España que hiciera todo esto posible ¿no estaría intentando, además, que se impusiera una versión del cristianismo que fuera aceptable para los seguidores del islam que debían permanecer en la Península? Si eso es así, el programa de Luna se nos aparece como aun más ambicioso y completo. En cualquier caso, no puede caber ya duda de que fue el autor o uno de los autores de los Plomos.

Publicado en Chronica Nova, 36, 2010, pp. 253-262

Notas
(1). Publicada por primera vez en Granada, Rene Rabut, 1592. Edición facsímil con estudio introductorio de Bernabé Pons, Luis, Granada, Archivum, 2001.
(2). GARCIA-ARENAL, Mercedes y RODRIGUEZ MEDIANO, Fernando, “Médico, traductor, inventor: Miguel de Luna, cristiano arábigo de Granada” en Chronica Nova, 32 (2006) pp. 187-231 y “Miguel de Luna, cristiano arábigo de Granada”, en BARRIOS AGUILERA Manuel y GARCIA ARENAL, Mercedes (eds.), ¿La historia inventada? Los libros plúmbeos y el legado sacromontano, Granada, Legado Andalusí, 2008, pp. 83-135.
(3). GARCIA-ARENAL, Mercedes,“El entorno de los Plomos: historiografía y linaje”, en BARRIOS AGUILERA, Manuel y GARCÍA-ARENAL, Mercedes (eds.), Los Plomos del Sacromonte. Invención y tesoro. Granada-Valencia, Universidad, 2006, pp.51-78.
(4). GARCÍA-ARENAL, Mercedes y RODRIGUEZ MEDIANO, Fernando, “Jerónimo Román de la Higuera and the Lead Books of the Sacromonte”, en Ingr am, Kevin (ed.), The Conversos and Moriscos in Late Medieval Spain and Beyond, Leiden, J.E.Brill, 2009, pp.243-268.
(5). A GS. Cámara de Castilla, 573, fol.276 . Agradecemos esta referencia a Santiago Otero.
(6). A HN. Inquisición, Granada, Leg. 2608-1. Agradecemos esta referencia a Enrique Soria Mesa.
(7). A HN. Inquisición. Toledo, Leg. 197-5. Rafael Benítez Sánchez-Blanco y Mercedes Garcia-Arenal preparan un estudio extenso sobre este interesantísimo proceso.
(8). Unos primeros resultados de esa búsqueda se exponen en GARCIA-ARENAL, Mercedes y RODRÍGUEZ MEDIANO, Fernando, “Los libros de los moriscos y los eruditos orientales”, Al-Qantara, XXX I, 2 (2010).
(9). Remitimos a nuestro Un Oriente español, capt. 5.
(10). BERNABÉ PONS, Luis, El Evangelio de San Bernabé. Un evangelio islámico español, Alicante, Universidad, 1995
(11). Al -Hayari, Ahmad b. Qasim, Kitab nasir al-din `ala l-qawm al-kafirin (The supporter of religion against the Infidel), estudio histórico, edición crítica y trad. inglesa de van Koningsveld, Peter S., al Samarrai, Qasim y Wiegers, Gerard A., Madrid, CSIC, 1997, pp. 68 y ss.
(12). Álvarez de Morales, Camilo, “Lorenzo el Chapiz y el ‘negocio general’ de 1559”, Qurtuba, I (1996), pp. 11-38.
(13). Wiegers, Gerard A. y Bouzineb, Hassin, “Tetuán y la expulsin de los moriscos”, en Titwân khilâl al-qarnayn 16 wa 17. Tetouan: Université Abd al-Malik al-Sacdi, 1996, pp. 73-108.
(14). A HN. Inquisición, Leg. 197, exp. 6.
(15). Sobre los repartimientos a favor de los que salían de la Inquisición hay abundantes testimonios entre los procesos del tribunal toledano. Véase por ejemplo, AHN. Leg. 192, exp. 5.
(16). González Palencia, Ángel, Los mozárabes de Toledo en los siglos XII y XIII, Madrid, 1926, vol. I pp. 2-3 para la traducción de Luna del doc. árabe nº 250.