Mostrando entradas con la etiqueta VALENCIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VALENCIA. Mostrar todas las entradas

La cara blanda del Patriarca

Miguel Ángel Bondia, durante la defensa de su tesis doctoral 

San Juan de Ribera, el arzobispo acusado de promover la expulsión de los moriscos en 1609, sigue ganando reputación. Una tesis que ha analizado 300 cartas inéditas conservadas en Londres asegura que el Patriarca defendió la conversión de los moriscos «con blandura» y no quería la expulsión que al final decretó el rey Felipe III.
Levante-EMV.com  PACO CERDÀ ‖ VALENCIA          
La leyenda negra de San Juan de Ribera, el Patriarca que dominó la Iglesia valenciana entre 1568 y 1611, acaba de recibir otra mano de pintura blanca. Una tesis doctoral del sacerdote Miguel Ángel Bondia reexamina la figura del arzobispo que ha pasado a la historia como el impulsor de la expulsión de más de 100.000 moriscos valencianos en 1609, un hecho traumático para la historia valenciana —fue deportado más de un cuarto de la población sólo por sus creencias religiosas— y que marcó el inicio de la decadencia del Reino de Valencia.

Bondia ha consultado documentación hasta ahora inédita, como más de 300 cartas que el Patriarca escribió sobre la evangelización de los moriscos, dirigidas a los reyes Felipe II y Felipe III, que actualmente se conservan en la Britsh Library de Londres. La conclusión que refuerza el estudio de esta documentación (nunca antes utilizada, remarca Bondia) es que «la expulsión de los moriscos la decidió el rey Felipe III, por motivos políticos (por temor a que los musulmanes invadieran Valencia apoyándose en los moriscos) y no religiosos, y que en ella no intervino San Juan de Ribera, que defendió la conversión mediante la catequización de los moriscos hasta el último momento, como prueba esta correspondencia», asegura el sacerdote, de 39 años, que defendió su tesis el pasado viernes en la Facultad de Teología de Valencia.

Por ejemplo: en una de las 300 cartas de Londres fechada el 4 de noviembre de 1587, la Junta Provincial de Valencia presidida por el Patriarca insiste al monarca Felipe III que «se trata de aficionar a los moriscos a la conversión con blandura y no con rigor», y el rey acepta y le pide «que en Valencia se use la nueva instrucción lo más presto que se pudiere y para ello se busquen maestros y predicadores tan religiosos y doctos como para la dureza de aquella gente es menester». Esta línea de «blandura», «misericordia» y «comprensión» con los moriscos la mantendrá San Juan de Ribera hasta el final en sus cartas al rey, sostiene Bondia.

«Es una faceta de pastor y un talante que contrasta con la taca negra de la expulsión de los moriscos que siempre le ha rodeado», destaca el sacerdote, ya investido como «doctor». Bondia subraya que «estos documentos desmontan la tesis de los historiadores que acusan al Patriarca de instigar la expulsión de los moriscos. No, fue una decisión política y él quiso la catequización de los moriscos hasta el final».

«No con la fuerza o la imposición»
Las cartas de Londres —adonde llegaron a través de consejeros de la época o particulares— también reflejan «todas las acciones que promovió y aplicó el santo para la instrucción en la fe cristiana» de los moriscos, como el catecismo que él mismo reelaboró o la realización de misiones populares en zonas con presencia morisca. La evangelización de San Juan de Ribera, todopoderoso virrey y capitán general de Felipe III en Valencia, «consistió en llevar a los moriscos al camino de la verdad y de la salvación pero no a la fuerza y con imposición, sino con paciencia y deseo de instruir», sintetiza Bondia, párroco de Alcublas y Osset y capellán del Arnau de Vilanova.

Además del archivo de la British Library y del Colegio de El Patriarca, este sacerdote natural de Benaguasil ha consultado documentos en el Vaticano, en el archivo general de Simancas, en el de los Padres Capuchinos, y en el de la UV. La tesis acaba destacando de la figura de San Juan de Ribera tres aspectos: «El celo pastoral, la acción reformadora y el amor a la Iglesia». Y defiende una idea que en los últimos años va ganando peso: que el mismo arzobispo que en un primer momento defendió ante el rey la expulsión de los moriscos, por creer imposible su integración, después optó por una línea más blanda que la historia ha relegado al olvido.


Reproducción literal del artículo periodístico.
Fuente: http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2011/11/30/cara-blanda-patriarca/860943.html

Regreso a Balansiya

Levante-EMV.com » Comunitat Valenciana - PACO CERDÀ
Más de 60 musulmanes de Marruecos, Algeria, Egipto, Líbano, Tunez y España siguen el rastro de la Valencia musulmana al cumplirse 1300 años del nacimiento de al-Ándalus


Los moriscos en Levante (1609)
Según T. HALPERIN
El "paraíso perdido". Eso le sugiere al marroquí Sottou Mohssin la palabra al-Ándalus, aquella "España" que dominaron los musulmanes durante ocho siglos hasta ser expulsados en 1492. Mohssin ha venido a ver los restos de la Valencia islámica, la llamada Balansiya, junto con otros sesenta musulmanes de Marruecos, Egipto, Algeria, Túnez, Líbano y España que participarán en el congreso de tres días que, desde hoy, recuerda en La Nau el 1300 aniversario del nacimiento de al-Ándalus. Y esta excursión por la medina valenciana, paradójicamente, empieza en la catedral de la Iglesia que los expulsó de al-Ándalus.

En el mismo emplazamiento donde hoy se alza la seo estaba la gran mezquita de Balansiya. "En 1238 llegaron los cristianos de Jaume I, y sólo dos años después construyeron la puerta románica de la catedral directamente sobre la mezquita, en la parte en la que probablemente estaba el mihrab de la mezquita", explica Javier Martí, director del Museu d'Història de València y guía de la visita.

Muy cerca de allí, en el centro arqueológico de la Almoina, esperan los restos del alcázar musulmán, que encerraba la sede del gobierno entre los siglos XI y XIII. Se ven los restos de una alberca y un patio que pertenecieron a uno de los inmensos palacios que alojaba el alcázar. Pero los iphones y las cámaras digitales de los visitantes apuntan a las vitrinas. Cazuelas, jarras, candiles de piquera, ataifores para la comida… La preciosa cerámica islámica del siglo XI cocida por sus antepasados despierta la admiración en los ojos de quienes 1.300 años después siguen el rastro de Balansiya.

Pero esa ilusión mezclada de orgullo contrasta con el olvido de la herencia musulmana que caracteriza a los valencianos de hoy. Así lo lamenta Mohamed el Mhssani, marroquí de 30 años y arqueólogo en la Pompeu Fabra de Barcelona (su catalán es muy bueno). "España –dice–  aprovechó su herencia romana y griega, que la conectaba con la identidad europea, para así escapar de la identidad oriental que es la islámica. ¡Pasa como en el fútbol: siempre queremos ser del equipo bueno!", ironiza, antes de recomendar que "se recupere también la herencia musulmana".

Pero aunque algunos no la quieran ver, la herencia está ahí. Está en la puerta gótica de la catedral donde cada jueves se reúne el Tribunal de les Aigües para resolver los conflictos entre las acequias, un invento clave de la época musulmana. El legado también reposa en la lengua. Mientras el guía explica el palacio dels Malferit de la calle Cavallers y le pregunta al traductor si el árabe tiene una palabra para denominar el zaguán, todos ríen. La palabra "zaguán" procede del árabe istawán y ambas se pronuncian casi igual. Las conexiones son evidentes. 

Nostalgia despertada
Desde el centro de la medina la excursión pasa a los restos de la muralla islámica del siglo XI y a sus últimas torres semicirculares que desafían al tiempo y al olvido. La torre de la Mare Vella, la de l'Àngel, el espléndido lienzo de muralla construido durante el reinado de Abd al-Aziz y cobijada en la Galeria del Tossal. La excursión continuará sorprendiendo a los visitantes de la ciudad (especialmente en el Museu d'Història) y despertando la nostalgia por el esplendor pasado de su civilización. 

Así le ocurre a Mohssin: "Al-Ándalus  –enfatiza– fue un ejemplo de convivencia entre religiones en una época en la que el resto de Europa vivía entre sombras y tinieblas". Pero la morriña por aquel "paraíso perdido" sirve de poco. Hay que ir más allá. "Tenemos  –lamenta Mohssin– una imagen congelada el uno del otro. Para los musulmanes, los españoles son los reconquistadores que cometieron barbaridades con manchas tan grandes como la expulsión de moriscos. Para los españoles, los musulmanes son aquellos conquistadores cuya cultura no tenía nada que ver con el continente europeo. Eso es lo que hemos de cambiar".

Ahí coincide Fátima-Zahra Aitoutouhen, arquitecta de Tetuán. "Lo que se fue nunca va a volver. Por eso, lo que debemos hacer ahora es potenciar lo que nos puede unir y no separar. Dios es uno y nosotros somos la humanidad. La convivencia, la paz, la tolerancia, el amor… Eso es lo importante", subraya. Fátima luce el cabello sin pañuelo, a diferencia del resto de mujeres del grupo. ¿Es creyente? "Sí, soy musulmana, pero yo vivo como mis antepasados, que eran felices, y no me importa sentarme en una mesa entre cerdo o vino. Las barreras  –concluye– amargan la vida". Un razonamiento muy andalusí.
Fuente: http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2011/10/20/regreso-balansiya/849744.html

400 años de genoveses valencianos


Tras la expulsión de los moriscos en 1609, el Ducado de los Borja y otros pueblos de la comarca de la Safor recibieron algunos repobladores mallorquines, pero también otros de origen genovés. 
Todos ellos se sumaron a los 'cristianos viejos' para poner en valor unas tierras que quedaron sin mano de obra para cultivar la huerta y la caña de azúcar. Los genoveses, de los que hoy quedan sus linajes, no tuvieron problemas para entender el valenciano, un hecho que vendría a demostrar la influencia de la Llengua d'Oc en la Liguria italiana. 



JOSEP CAMACHO, GANDÍA | Casi todos los actuales vecinos de Beniopa, que fue municipio independiente antes de anexionarse a Gandia en 1965, pueden presumir de tener antepasados genoveses desde hace más de 400 años. En la mayoría sólo hay que rebuscar una o dos generaciones para confirmar la ascendencia italiana, pero en otros casos han perdurado los mismos apellidos, o con algunas alteraciones por sus adaptaciones lingüísticas. 

La razón, como sucedió en la Marina con los mallorquines, hay que buscarla en la expulsión de los moriscos, decretada por Felipe III en 1609, que dejó despoblada Beniopa y otros núcleos rurales, no sólo de la Safor, sino de todo el Reino de Valencia. 

En tierras saforenses, los moriscos eran una mano de obra fundamental para la huerta y el cultivo de la caña de azúcar, que predominaba en el Ducado de los Borja. De la noche al día, los musulmanes que habían sido convertidos al cristianismo por la pragmática real cien años antes, fueron obligados a abandonar las tierras y embarcar hacia el norte de África, la mayoría desde Dénia. 

Y para reemplazarlos llegó un grupo de gente de la Liguria y el Piamonte italiano, entre otros. 

Así lo destaca Emili Selfa, profesor del IES Tirant lo Blanc, que acaba de publicar un estudio sobre la repoblación genovesa en el libro de fiestas de Beniopa. En éste, Selfa revela el contenido de la primera Carta Pobla de esta localidad, que es de 1611. El año que viene se cumplirá el 400 aniversario de su publicación. 

Selfa se ha basado en los censos y cartas de población, ya que la quema de los archivos parroquiales de Beniopa, en 1936 ha dificultado la investigación, al no disponer de todos los libros sacramentales o Quinqui Libri.

Tras el vacío demográfico que dejaron los moriscos, los señores feudales -en Gandia el VII duque Carles Francesc de Borja- necesitaban con urgencia familias que ocuparan casas y trabajaran las tierras abandonadas.

Un cuarto de los repobladores genoveses se concentraron en Beniopa, aunque también se expandieron más por Miramar, Benipeixcar, y Benirredrà, donde tuvieron conexiones familiares. 

También llegaron a Guardamar de la Safor, como pone de manifiesto Frederic Barber en un estudio sobre la historia de esta localidad, también conocida como Alquerieta dels Tamarit. 

Pero, ¿por qué aquellos genoveses y mallorquines abandonaron sus tierras para buscarse un futuro mejor en el antiguo Reino de Valencia? En la decisión tuvo que ver la gran influencia que todavía ejercía en los Estados italianos la saga valenciana de los Borja, que había dado al Vaticano dos papas y numerosos cardenales. 

"La disputa del marquesado de Finale entre las monarquías francesa y la hispánica -explica Emili Selfa- había llevado a sus habitantes a una situación insostenible, y estaban abocados a la emigración. Un valenciano, Joan Vives de Canyamàs, era embajador del emperador en la República de Génova, y fue él quien promovió la llegada de los genoveses".

Al mismo tiempo, el hermano del duque de Gandia, Baltasar Borja, obispo y virrey de Mallorca, facilitó la llegada de mallorquines a la Marina y la Safor, y de ésos antepasados han quedado hoy apellidos como Capó. 

Una vez en la Safor, pronto descubrieron la dura realidad del emigrante, a pesar de su condición de cristianos. "Desengañados por las promesas de reparto incumplidas por el señor, tanto en tierras como en casas, y ahogados por la presión fiscal de una hacienda en quiebra, pronto presentaron quejas", explica Selfa. 

"Tabernarios y bebedores"
Además, los genoveses no se llevaban bien con los mallorquines, y en Miramar los acusaron de "tabernarios y bebedores", como detalla el historiador Santiago la Parra en Los Borja y los moriscos.

Durante 200 años, los genoveses mantuvieron una actitud endogámica, que incluso les llevó a casarse sólo entre ellos en poblaciones próximas, cosa que también ha favorecido la pervivencia de los linajes. 

Por otra parte, los recién llegados genoveses no tuvieron problemas en entender la lengua autóctona y esto explicaría la expansión del occitano o llemosí por tierras de la Liguria italiana. 

El valenciano Joan Carles Martinis ha investigado esta conexión con los italianos emigrantes del siglo XVII, y mantiene una página en internet, como él explica, "al servicio del estudio genealógico de mis ocho apellidos: Martinis, Mafé, Navarro, Lliso, Martínez, Aura, Albalate y Mor".

En la Safor la huella genovesa fue tal que dos duquesas de Gandia pertenecían a la familia genovesa Doria.



Federico Verdet: "Los mudéjares y moriscos en La Hoya de Buñol-Chiva"


«Los moriscos que fueron expulsados eran los descendientes de la población autóctona»

M. A. Pallás - CHIVA

Coincidiendo con la Feria del Libro de Chiva, acaba de ver la luz el último trabajo del historiador, profesor y colaborador de tucomarca.com, Federico Verdet. Los mudéjares y moriscos en La Hoya de Buñol-Chiva es el título del último premio Otoño Villa de Chiva 2009 de ensayo, cuyos secretos el propio autor nos desvela en esta entrevista.
— ¿Por qué eligió esta temática para concurrir a los premios Otoño de Chiva?
— Bueno, justo en 2009 se cumplía el cuarto centenario de la expulsión de los moriscos, y es un motivo lo suficientemente importante como para elegirlo. A veces el tema no es algo que dependa de la voluntad, sino también de la documentación. Yo me encontraba haciendo un libro sobre la historia de Macastre y los mudéjares y los moriscos era un capítulo, por lo que encontré una documentación muy importante sobre los moriscos en el siglo XVI y eso me animó a hacer este tema. Aunque abandoné otros que estaban más avanzados, como el de la escuela laica y la escuela racionalista.
— ¿Quienes son los mudéjares y los moriscos de los que usted habla en su libro?
— Los moriscos eran los pobladores de esta zona. Lo que está claro es que a partir del siglo VIII, cuando se produce la invasión musulmana de la Hispania visigoda, la población autóctona, en su mayor parte, se islamizó. Y por lo tanto los moriscos que fueron expulsados de la península en 1609 eran los descendientes de la población autóctona.
— ¿Se puede decir que eran los verdaderos pobladores de estas tierras? ¿Los de toda la vida?
— Sí, sí no hay una ruptura a nivel etnográfico, sino que la mayoría de los pobladores eran lo que se llamó muladíes, es decir, la población autóctona convertida al Islam.
— Una población autóctona que centurias antes fue romanizada y, posteriormente, se mezcló con los visigodos, ¿no?
— Exactamente, el origen de la población hispano-romana por un lado está formada por legionarios que se casan con mujeres hispanas; y posteriormente ocurre lo mismo: hay una fusión entre la población de origen hispano-romano y la población de origen visigótico. Después vuelve a ocurrir: hay una fusión entre la población de origen visigótico y la población llegada de otras partes como de Marruecos, Arabia, Siria o Irak.
— Un historiador de la talla de Federico Verdet, ¿qué opinión tiene de lo que ha quedado en el inconsciente colectivo: que aquellas personas eran algo ajeno a nosotros?
— Bueno, en la sociedad española sí que hay conciencia de que la Inquisición fue algo negativo; que fue una muestra de la intolerancia y del fanatismo religioso. Pero no existe esa misma conciencia respecto al problema de los moriscos. Los moriscos no llegaron nunca; estaban aquí. Simplemente se expulsó a la población autóctona. Pero es que en el peor de los casos, aún asumiendo la interpretación mítica del origen de los reinos hispánicos, de aquí en doscientos años a nosotros nos podrían expulsar los musulmanes porque nosotros conquistamos un territorio que fue un día musulmán: Al Andalus.
— ¿En qué capítulos se divide su libro?
— En el libro hay dos partes claramente definidas: una es la época mudéjar y otra la época morisca. La ruptura se produce a partir de 1520 cuando obligatoriamente se bautiza a la población mudéjar, por lo tanto está estructurado cronológicamente.
— ¿Qué aspectos se abordan?
— Se tocan aspectos muy variados, desde el poblamiento musulmán con las alquerías que había en esta zona y cómo se estructuraban en torno a castillos, también se habla de las relaciones de esta zona con el sultanato granadino o con el norte de África. Además se analiza la economía de los musulmanes, de los mudéjares y la población; al igual que la relación entre las aljamas mudéjares y los señores feudales. Y por último se analizan las costumbres o las prácticas religiosas. Es una etapa especialmente atractiva. Además, en el libro yo recojo la tesis de que en el periodo mudéjar se produce una convivencia, a pesar de la marginación de los mudéjares. Ya que la ruptura sólo se produce a partir de 1520, cuando  se niega el derecho a su religión a los musulmanes y son obligados a convertirse al cristianismo. A partir de ahí la convivencia se rompe; persiste la lengua y la religión y al final esto es lo que hace imposible la convivencia.
— ¿Se puede reducir la expulsión a una mera cuestión económica, para quedarse con los bienes de los expulsados?
— Yo creo que no. La justificación última es la presunta connivencia entre los moriscos y el imperio turco y otros enemigos de la monarquía hispánica como Francia. Esto es lo que justifica su expulsión, aunque yo creo que la razón fundamental fue la intolerancia religiosa. Ya que a nivel económico el patriarca era consciente del desastre económico que suponía la expulsión; algo que no fue un negocio para nadie, porque los señores tuvieron que aceptar condiciones más favorables para los repobladores que vinieron a ocupar el lugar de los moriscos.
— ¿Se pueden generalizar las claves de esta comarca al resto?
— Bueno esta comarca tiene una peculiaridad, y es que con la excepción de Siete Aguas, que tenía una población cristiana, o de Cheste donde la población cristiana roza el cincuenta por ciento; o la población de Chiva donde hay una minoría de un diez por ciento; la inmensa mayoría de la población en la comarca es musulmana. Es el caso de Buñol, Yátova, Macastre, Alborache o Godelleta.
— ¿Las diferencias eran sólo religiosas?
— Sí, porque étnicamente no hay ninguna diferencia. De hecho hay una pequeña contradicción, ya que en los intentos de asimilar a la población musulmana se les obliga a que vistan a la manera cristiana. Pero llega un momento en que es imposible distinguir un morisco de un cristiano a simple vista, por lo que se empieza a plantear la posibilidad de que lleven distintivos. La raza es la misma. Quizás a nivel de lengua sí que había diferencia, porque la población musulmana mantiene el árabe como lengua. Eso no quiere decir que algunos no dominaran el castellano o el valenciano.
— ¿Cómo cree que vivieron sus convecinos la expulsión de los moriscos en la comarca?
— Bueno, en algunos lugares de España los moriscos estaban más integrados que aquí, por lo que no había motivo de fricción con sus vecinos. De modo que en otras zonas cuando los expulsaron sus convecinos lo lamentaron e hicieron lo posible por ayudarles. Aquí las comunidades estaban más separadas, aunque ocurrió como ahora, siempre hay gente que enciende la antorcha del fanatismo. Pero no habían verdaderos motivos para que existiese una animadversión contra ellos por parte de sus vecinos.
— ¿Hay alguna parte del libro que le gustaría resaltar?
— Sí, el último capítulo: Los moriscos y la Inquisición creo que es la parte más lograda. Primero porque la aportación documental inédita es la más importante, y segundo porque el propio tema es muy llamativo: la relación de los moriscos con la Inquisición.
— Su ensayo ha sido premiado en los Otoño del año pasado, publicado este ejercicio. Entre las bases está la limitación a cien páginas de su trabajo, ¿un gran ejercicio de síntesis, no?
— Realmente son pocas páginas para un libro de ensayo, pero debo decir que yo estoy muy agradecido a Chiva. Aunque son varios los pueblos de la comarca que me han publicado libros, el que más lo ha hecho ha sido Chiva, y la verdad es que afectivamente cada vez me siento más unido a Chiva, aunque yo sea nacido en Macastre; pero lo son mis hijas, lo es mi mujer y yo no puedo expresar con palabras el agradecimiento que siento hacia el pueblo de Chiva.
— Usted nació en Macastre;  se educó en Buñol, donde también fue profesor; vive en Chiva y trabaja en Cheste. ¿Es usted el historiador más intermunicipal de nuestra comarca?
— Sí, bueno me siento muy ligado a todos estos pueblos.
— ¿En qué trabaja ahora?
— Sobre las escuelas laicas y racionalistas, en recuperar la labor desarrollada por estos maestros librepensadores y masones que estuvieron trabajando y cambiando la mentalidad de esta comarca, para mí es una exigencia ética, después de la tabla rasa que hizo el franquismo.
— ¿Compensa tanto trabajo?
— Sí es un gran disfrute intelectual.


Capella de Ministrers recupera música morisca a los 400 años de su expulsión


16-04-2010 / 15:30 h

EFE

El repertorio de música antigua, que ha sido presentado en el Colegio Mayor Doctor Peset de Valencia, nace de la colaboración entre Capella de Ministrers, la Universitat de València y el Instituto Valenciano de la Música.

Este trabajo, de carácter vocal e instrumental, recorre la historia musical desde 1238 hasta 1609 e incluye desde las cantigas atribuidas a Alfonso X el Sabio a romances de Lluís de Milà, Luis de Narváez y Diego Pisador, entre otros, así como obras anónimas de la época.

La directora-gerente del Instituto Valenciano de la Música, Inmaculada Tomás, ha reconocido el "esfuerzo" y "voluntad" de recuperar el patrimonio cultural fruto de la coexistencia de cristianos, judíos y moriscos en los territorios que hoy denominamos España.

Asimismo, la directora ha afirmado que "es una responsabilidad y una obligación trabajar por la recuperación de la música morisca" y que, en este caso, Capella de Ministrers desempeña una labor fundamental.

"Desde el Instituto Valenciano de la Música se ha intentado apoyar la recuperación del patrimonio y favorecer el mantenimiento de una entidad tan importante como es Capella", ha agregado Inmaculada Tomás.

El recién nombrado Vicerrector de Artes, Cultura y Patrimonio de la Universitat de València, Josep Lluís Sirera, ha destacado la "vasta" contribución cultural de los moriscos en España.

Respecto al nuevo trabajo de la formación valenciana, el Vicerrector ha apuntado que es "música para escuchar en el espacio y en el tiempo".

En este sentido, Carles Magraner, director de este grupo de música vocal e instrumental, ha apuntado que "en los conciertos ganamos porque ponemos los cinco sentidos, en la audición del disco sólo ponemos el oído".

El proyecto, que mantiene los textos originales de la época, nació hace dos años y tendrá una edición inicial de tres mil discos distribuidos en los cinco continentes, según el director de Capella de Ministrers.

La formación valenciana ofrece esta noche a las 20.15 un concierto en la Sala del Consulado de Comercio de la Lonja de Valencia y que constituye la apertura de la XI edición del "Festival Música, Historia y Arte".

Mañana el grupo musical viajará hasta Ascó (Tarragona) con motivo del "Seminario Internacional del IV Centenario de la Expulsión de los Moriscos", donde interpretará y presentará el mismo repertorio musical.

La huella agraria de los moriscos

LAS PROVINCIAS | VICENTE LLADRÓ | VALENCIA.


A menudo no damos importancia a detalles o hechos que, por cotidianos, nos parece que son de lo más natural, casi inamovibles, como si siempre hubiesen estado ahí. Por ejemplo, esos bellísimos bancales escalonados que nos maravillan, colgados en las empinadas laderas de las montañas y sujetos por increíbles muros de piedra seca. ¿Estuvieron siempre ahí? No, tienen unos cientos de años; fueron, como todavía se suele decir por los pueblos valencianos, obras 'de moros', de los moriscos, en tiempos de hambre y necesidad. Y hoy, superada en muchos casos su función de apoyo para cultivos, siguen cumpliendo un impagable papel medioambiental, frenando la erosión. 

Mª Ángeles Arazo, compañera en LAS PROVINCIAS, acaba de presentar un libro, patrocinado por la Conselleria de Cultura y Deportes, que profundiza precisamente en “La huella morisca en tierras valencianas”, con motivo del cuarto centenario de su expulsión (en 1609), y gran parte de esa huella es, naturalmente, agraria. En unos casos, huella de lo que fue un pasado esplendor, como el cultivo de la morera y la producción de seda, o la caña de azúcar, y en otros, huella bien palpable en la realidad diaria de la economía valenciana, como la naranja, que sigue siendo líder entre los sectores exportadores, y el arroz, gracias a cuyo cultivo se mantiene bien vivo el parque natural de la Albufera, así como una enorme tradición culinaria, o el gobierno de los riegos tradicionales a través de las acequias y de ese milenario Tribunal de las Aguas que es ejemplo para medio mundo.

Con profusión de fotografías hermosísimas de José Manuel Almerich, el libro cuenta que fueron los árabes quienes empezaron a extender el uso de cítricos, primero en aplicaciones terapéuticas y luego en funciones decorativas, para jardines, y habla de la herencia de Ibn al Awwän sobre técnicas de aclareo y otras labores para obtener buenas producciones de limones y cidros, las primeras especies en extenderse.

Camp dels Brahamons

Aunque el primer huerto de naranjos, plantado con criterios comerciales, no se hizo realidad hasta finales del siglo XVIII (lo plantó el cura Monzó en Carcaixent), lo cierto es que fueron los 'moros' y luego los moriscos quienes sentaron las primeras y necesarias bases. 

De igual manera trajeron los árabes el arroz, propagándolo desde la India, donde ya se cultivaba 3.000 años antes de Cristo. Y en tierras valencianas cuenta la tradición, según recuerda Mª Ángeles, que se realizaron las primeras siembras de esta gramínea en el Camp dels Brahamons, en la partida de la Socarrada de Sueca, de donde se fue extendiendo alrededor de los márgenes de la Albufera y más allá, en otros parajes donde se podía aprovechar para tal fin el agua de 'ullals' y 'aiguamolls'. 

Fueron obras árabes multitud de acequias para desviar parte de cauces fluviales y regar tierras fértiles. Muchas de ellas siguen vivas, como las de la Vega del Turia, al igual que multitud de conducciones en comarcas del interior, donde se desarrollaron, desde hace muchos siglos, pequeñas huertas allí donde era factible, conduciendo pequeños caudales de fuentes. Y el mismo origen tiene el Tribunal de las Aguas, aplicando una justicia rápida y eficaz, al estilo de lo que ya había probado su éxito en la administración de las aguas escasas en el norte de África y Oriente Medio.

Campos de moreras 

Hoy parece extraño que en Valencia llegara a haber multitud de campos de moreras, árboles que están hoy relegados a esporádicas funciones ornamentales, como también suena raro que hubiera viñas u olivares en áreas muy próximas al mar. Pero así fue, y multitud de nombres de lugares dan fe de ello. 

Los cultivos de moreras llegaron hasta tiempos más recientes y aún quedan cañizos en cambras de masías y casas de pueblos. Las hojas de las moreras alimentaban a los gusanos de seda, como sigue siendo hoy y casi todos hemos ejercitado de pequeños, y el aprovechamiento de la seda que forman los capullos de este insecto dio pie a un gran sector económico del que aún perdura hoy la tradición textil sedera.

La huella valenciana de los moriscos se plasma también en el esplendor de la apicultura, en la profusión de plantaciones de palmeras, así como en los dulces derivados (miel y dátiles). Y el cultivo de la caña de azúcar dio pie a emporios en La Safor, en Gandía y Oliva, algunos bajo el dominio de los Borgia, y luego se extinguió, como tantas cosas que se perdieron al ser expulsados los moriscos; una verdadera desgracia para la vida valenciana, según refiere Mª Ángeles.


LA HUELLA MORISCA EN TIERRAS VALENCIANAS, nuevo libro firmado por Mª Ángeles Arazo y José Manuel Almerich


La periodista Mª Ángeles Arazo firma La huella morisca en tierras valencianas, editado por la Consellería de Cultura de la Generalitat Valenciana y realizado junto al fotógrafo José Manuel Almerich.

«La expulsión de los moriscos fue un genocidio»

La habitación donde trabaja, abierta a una pequeña terraza con las plantas hasta el techo, está materialmente cubierta por librerías y algunos cuadros. Como decoración, sólo objetos de artesanía popular.
—¿Cómo nació el proyecto?
—Por fortuna, la misma tarde que Rafael Miró, secretario autonómico de Cultura, presentó 'Lugares para el Encuentro. Calles y plazas de la Comunidad', nos preguntó si habíamos pensado en nuevo título para la colección; y sí, ya habíamos hablado de escribir sobre la expulsión de los moriscos, cuyo cuarto centenario comenzaba su celebración. Le pareció acertada la idea y nos pusimos a trabajar.
—¿Estaba anteriormente interesada por los moriscos?
—Sí, desde uno de mis primeros libros, 'Gente del Valle de Ayora-Cofrentes', cuando me contaron el caso de la morisca que, por no bautizarse, la metieron en un saco y la echaron al río; también con motivo de la sublevación en la Muela de Cortes, donde muchas madres se lanzaban al vacío con los niños en brazos antes de ser apresadas.
—¿Por qué la huella de la cultura, específicamente?
—Tanto Almerich como yo quisimos centrarnos en lo que se mantiene; en la herencia asumida por los valencianos sin saber su origen.
—¿Como por ejemplo?
—El amor a nuestro árbol tótem, la palmera; la aportación de productos a la gastronomía, de la que perdura el 'blat picat', el arnadí, les almoixàvenes, las frituras, mezcla de miel con frutos secos, y la abundancia de especias orientales.
—¿Y al margen de la gastronomía?
—La perfección en el riego iniciado por los romanos: acequias, azudes, norias. Piezas clave de la indumentaria que, por cierto, al rey Alfonso V le gustaba vestir en el juego de cañas y también instrumentos musicales.
—¿Qué piensa sobre la expulsión?
—Fue un total genocidio, alentado por intereses políticos y anhelos de conversión al catolicismo. Una vergonzosa página de nuestra historia, de la que se ha hablado muy poco, ha permanecido ignorada por no decir oculta, pero que siempre ha despertado polémicas.
—¿Con qué capítulo disfrutó más?
—El más impactante fue el de los morisquillos. Escuché la historia en una conferencia del catedrático Ignacio Gironés Guillem, sobre los hijos de los moriscos que fueron vendidos, secuestrados y explotados.
—¿Llevó mucho tiempo la elaboración del libro?
—Más de un año. Almerich lo ilustra con cerca de 300 imágenes; ha llegado a los lugares más insospechados donde quedan restos.