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Las marcas de los morisquillos


por GERARDO MUÑOZ LORENTE                    
LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE (XXX)

Muchos de los niños moriscos que se quedaron presentaban diversas marcas y señales, algunas hechas por sus padres, según la leyenda, para poder identificarlos en el futuro.


Los censos que fueron ordenados en función de las decisiones que se iban adoptando, arrojaron diferentes cifras en diferentes fechas, recogidas a su vez por los historiadores con cierta discrepancia.

Así, el primer día de abril de 1610, el virrey certificó que en el reino de Valencia había 1.832 morisquillos menores de 7 años, según Reglá y Martínez Gomis; uno más según Halperin y Giner Guerri. El 31 de agosto de ese mismo año había 950 morisquillos en el reino valenciano (241 de ellos en la diócesis de Orihuela), según Giner Guerri, mientras que Martínez Gomis (que cita a Lapeyre) dice que eran sólo 470. Un año más tarde, en agosto de 1611, todos los historiadores son unánimes al informar de que eran 2.450 los niños moriscos que había en el reino de Valencia, seguramente porque todos beben de la misma fuente: una carta del comisario García Bravo de Acuña dirigida a Felipe III. Unanimidad que se rompe con el resultado del censo encargado por el decreto del 29 de agosto de 1611 (que hemos mencionado antes) y que se conoció a finales de ese año: En tanto Pla Alberola y Martínez Gomis (siguiendo siempre a Lapeyre) repiten la cantidad de 2.450 niños, Giner Guerri la rebaja a 2.402 en fecha 8 de noviembre.

Informática e Historia
"Un ejemplo de la utilización de la informática al servicio de la investigación histórica". Con este subtítulo presenta el ontiñentino Ignacio Gironés Guillem la página web en la que ofrece una interesante base de datos sobre los morisquillos que se quedaron en el reino de Valencia, tras la expulsión de sus mayores.

Esta base de datos está sacada de varios documentos, siendo los más importantes los relativos al censo realizado en 1611, como consecuencia del edicto del virrey que ya conocemos, de fecha 29 de agosto de aquel año. Estos documentos son los legajos 241 (102 páginas) y 243 (188 páginas), que se conservan en el Archivo General de Simancas.

Con este material Gironés ha elaborado un listado en el que aparecen un total de 2.448 morisquillos, los cuales se quedaron en el reino de Valencia, según consta en dicha documentación. Como el propio Gironés reconoce, en este listado faltan los morisquillos que murieron entre 1609 y 1611, así como los que fueron llevados al extranjero (a Italia, principalmente) y los que sus tutores mantenían ocultos.

El listado cuenta con varios campos, entre ellos los correspondientes a la fecha de presentación del morisquillo, el nombre del presentador, oficio, por cuenta de quién, población en la que se presenta, su nombre cristiano, su origen, edad, sexo y las marcas que tenía. De manera que, al ofrecerse el listado en programas que permiten seleccionar, cortar y relacionar los registros que interesan, cualquiera puede ordenarlo de la forma que desee. Ahí reside la originalidad de la web de Gironés y el motivo del subtítulo de la misma.

Edad y sexo
Como se puede apreciar en el gráfico que nos ofrece Gironés sobre la edad y el sexo de los morisquillos en el reino de Valencia, un buen número de ellos superaban ya los 12 años, edad límite que por aquellas fechas (1611) seguía teóricamente en vigor. También había muchos que tenían menos de 3 años, seguramente cedidos por sus padres ante el temor de que fallecieran durante el viaje. En cuanto al sexo, el número está muy equilibrado: 1.217 niñas y 1.204 niños (en 27 no consta el dato).

Señales
Hay un total de 1.654 morisquillos registrados en el reino de Valencia con alguna marca o señal, lo que supone el 67'5% de ellos.

Algunas de estas reseñas identificativas son naturales: "lunares"; "pecas" o "pecosso"; "rubio"; "cejijunto"; "verruga"; "remolino", se supone que en el cabello; "cabello crespo"; "blanco de cara"; "blanca y rubia"; "carirredondo"; "cariflaco"; "aguileño"; "ojos alegres"; "ojos de gato".

Otras indicaciones se refieren a "señas", sin especificar (una muchacha presentada en Benissa tenía "5 señales" y otra procedente del Valle de Laguar y presentada en Alicante tenía "3 señas izquierda y 3 derecha"; ambas mayores de 13 años); o a defectos físicos o secuelas de enfermedades: "viruela", "cojo", "mellado", "tiña", "rostro torcido", "partido el labio", "tartamudo", "cortada una oreja", "vizco", "una pierna sin hueso", "tuerto", "tullido", "seis dedos en cada pie", "nube ojo", "6 dados mano derecha", "manco", "espalda quebrada".

Las hay que señalan alguna deficiencia mental: "tonto", "simple"; y en algún caso se indica algo tan subjetivo como "feo".

Abundan las indicaciones de heridas, algunas "de fuego" o "quemaduras". Son muchas las reseñas de "golpes" y "heridas". Algunos niños presentaban varias heridas y, en el caso de Ángela, de 10 años, presentada en Gandía procedente del Valle de Laguar, tenía "muchas heridas".

Desde luego hay morisquillos con varias reseñas. Un varón de siete años que llegó a Alicante procedente de Relleu, presentado por el "cavallero Gerónimo Pasqual de la Berónica", aparece con las marcas: "Tartamudo, cortada la oreja derecha". De Vicenta, una muchacha de 15 años presentada en Alcira, se dice: "Tonta, visca y dientes grandes". Y un chico de 11 años presentado en Benefallim tenía "cuchillada en la boca y una pierna sin guesso". 

En muy pocos casos se aprovechó la casilla destinada a las marcas para informar del lugar de bautizo del morisquillo.

Bautizos y matrimonios
Gracias a los libros parroquiales se sabe cuándo y dónde fueron bautizados muchos de aquellos morisquillos, ya que no lo habían sido antes al impedirlo sus padres. En la iglesia de San Pedro de Benissa, por ejemplo, se celebró un bautismo colectivo el 28 de octubre de 1610. El párroco bautizó a 25 moriscos de entre 3 y 14 años. Los 10 varones, procedentes del Valle de Gallinera, Jalón, Benichembla, Tárbena y Relleu, fueron bautizados por la mañana; y las 15 niñas, que procedían de Jalón, Benichembla, Tárbena y Senija, recibieron el sacramento por la tarde.

En los libros matrimoniales también aparecen los datos de bodas entre moriscos, entre "fills de moros expulsos", según consta en muchos casos. Y es que no se conocen matrimonios entre cristianos nuevos y viejos posteriormente a la expulsión. Los morisquillos, cuando crecieron, se casaron entre ellos. Por supuesto, lo hacían usando sus nombres cristianos y, en su mayoría, con los apellidos de sus tutores Así, el 23 de abril de 1629 se casaban en Jalón Bertomeu Calbet y Gerónima Muera, moriscos nacidos en Laguar y Guadalest, respectivamente. Aunque también hubo quienes continuaron usando sus apellidos familiares.

Con motivo del cuarto centenario de la expulsión, son bastantes los investigadores históricos que llevan meses dedicándose a examinar con detenimiento los libros parroquiales en busca de datos sobre morisquillos. Hace ya tiempo, no obstante, hubo otros que se anticiparon haciéndolo en determinados lugares.

Así, Giner Guerri, en su obra ya citada, plasmó el resultado de sus exámenes de los libros parroquiales de Murla y otros fondos. Enumera hasta once matrimonios entre cristianos nuevos, desde 1628 hasta 1660, siendo los últimos hijos de aquellos morisquillos que se vieron obligados a quedarse tras la expulsión. Aunque tienen nombres cristianos, casi todos ellos conservan sus patronímicos moriscos. Citemos algunos de ellos: Nophre Pandur, natural de Jalón, y Raphaela Mixato, de Sagra (11-I-1628), con hijos y nietos bautizados hasta 1673; Agustí Capurri, de Parcent, y Luisa Hemes, de Orba (en esta localidad actualmente aparece censado el apellido Helmes), casados el 30-V-1628 y con descendientes bautizados hasta 1659; Miguel Barday, de Murla, y Thomasa Arbi, de Benichembla (junio 1630); Hierony Cotayla, de Benisili, y María Saydet, de Parcent (23-III-1631) con descendencia bautizada hasta 1677; Joan Bay, de Murla, y María Simó, de Pedreguer (20-VIII-1653), hijos ya de morisquillos (según Giner la familia Bay aparece en muchos documentos de Murla desde 1554 hasta 1643; actualmente este apellido pervive en varias localidades alicantinas); Miquel Poduper y Angela Aviat, ambos de Murla (11-IX-1624), con descendientes bautizados hasta 1672.

Las reseñas de que son cristianos nuevos persisten durante décadas, incluso en las actas de defunción. Así, el 11 de febrero de 1627, se apuntaba en el libro de defunciones: "Luis nació de morisco del present Regne morí en lo spital desta vila [Murla] home que seria de 35 anys fadrí rebé los sacraments"; y el 12 de enero de 1664: "morí subitament Lluis Bestango christiá nou".



La expulsión de los moriscos en la provincia de Alicante - PRESENTACIÓN

            







PRESENTACIÓN

Con motivo del 4º centenario de la expulsión de los moriscos (1609-1614), el Diario Información, en su suplemento dominical, ofrece a sus lectores el magnífico trabajo del escritor Gerardo Muñoz Lorente LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS EN LA PROVINCIA DE ALICANTE.

Dicha obra se empezó a publicar en entregas semanales a partir del 20-9-2009, concluyendo el 20-6-2010. De todas formas pueden leer y descargar cada una de estas entregas en la propia web de su autor http://www.gerardomunoz.com/moriscos.htm

Por considerar este trabajo de gran interés para comprender los pormenores de la expulsión y destierro de los moriscos, en el presente blog voy a colgar todas las entregas ya publicadas, en grupos de 3, y las que restan por publicar las iré posteando semanalmente a medida que vayan apareciendo en el Diario Información.





Hace ahora justamente cuatrocientos años que comenzó la expulsión masiva de los moriscos del territorio español. Fueron los moriscos del antiguo reino de Valencia los primeros en ser expulsados. Entonces, aún no existía la provincia de Alicante, cuyo actual territorio formaba parte políticamente, casi en su totalidad, del virreinato valenciano. Los moriscos eran descendientes de los mudéjares, musulmanes que siguieron viviendo en territorio cristiano tras la Reconquista. Entre 1520 y 1525 fueron obligados a convertirse al cristianismo, tomando a partir de entonces el nombre de moriscos o cristianos nuevos. Muchos de ellos se bautizaron, pero la inmensa mayoría continuó siendo fiel a la fe islámica en secreto.

En 1609 había en el Reino de Valencia un total de 84.504 casas, de las cuales 52.689 estaban ocupadas por cristianos viejos y 31.815 (37’4%) por cristianos nuevos. En la actual provincia alicantina, los moriscos habitaban sobre todo en las sierras de La Marina, las tierras interiores del Valle Medio y Bajo del Vinalopó, y en algunos señoríos de la Vega Baja.            


PATERNALISMO Y PERMISIVIDAD
Los moriscos estaban sometidos de por vida a los señores de los lugares donde habitaban, puesto que tenían prohibido, bajo pena de muerte y confiscación, cambiar de domicilio ni de señor. En general, los señores trataban a los moriscos de manera paternalista, protegiéndoles ante las insistentes presiones que sufrieron por parte de la Corona y de la Iglesia para que se convirtieran al cristianismo. Actuaban con esta permisividad religiosa para preservar la tranquilidad de sus territorios, pero también por razones meramente económicas: estos vasallos, cristianos nuevos, eran mano de obra barata y además pagaban, como sus antepasados mudéjares, más impuestos que los cristianos viejos. Además, a cambio de preservar su fe islámica, pagaban puntualmente la protección de sus señores.

RECELO
Entre los cristianos viejos existía la creencia generalizada de que los moriscos eran ricos aunque austeros, en algunos casos poseedores de riquezas escondidas. Riquezas que amasaban gracias a su forma de vivir, sobria y modesta, a los préstamos y arriendos de los que se beneficiaban y, sobre todo, a la abundancia de mano de obra barata de que disfrutaban merced a los muchos descendientes que tenían.

Pero, aunque realmente los moriscos tenían la costumbre de casarse jóvenes y de tener una familia numerosa, lo cierto es que nunca se produjo aquel espectacular aumento de población morisca en el siglo XVI. En cuanto a la supuesta riqueza que poseían en general los moriscos, la realidad era bien distinta. Desde luego los había ricos, pero eran muy pocos. A pesar de que había cristianos nuevos que se dedicaban al comercio y a la artesanía, la inmensa mayoría eran sencillos campesinos, agricultores y ganaderos de escasas tierras y pequeños rebaños, que vivían humildemente.

EVANGELIZACIÓN Y EMIGRACIÓN
Se organizaron por parte de la Iglesia sucesivas campañas de evangelización para convertir a los moriscos en cristianos auténticos. Algunas fueron tan represivas que animaron a muchos de ellos a emprender la huida. Emigraron sobre todo al norte de África, clandestinamente y, a veces, ayudados por los piratas berberiscos, que desembarcaban por las noches en lugares recónditos de la costa levantina.

La emigración morisca contaba con el apoyo de los señores. Pero este apoyo no era gratuito: los salvoconductos o «guiatges» debían ser comprados por los moriscos en metálico. También los corsarios berberiscos les cobraban sus servicios.

El apoyo señorial a la emigración clandestina de moriscos comenzó a declinar en 1561, cuando el Rey se interesó personalmente en una mejor fortificación de la costa alicantina.

ATAQUES BERBERISCOS
Los ataques berberiscos a la costa española (con mayor intensidad a la alicantina) ponían de manifiesto la estrecha relación existente entre los moriscos y sus correligionarios norteafricanos. Y esto preocupaba, y mucho, a la Corona, pues durante un tiempo coincidieron con la revitalización de la guerra contra los turcos.

Para las autoridades era evidente que los moriscos mantenían correspondencia con el enemigo turco, a través de Argelia y desde el litoral alicantino. Preocupadas ante la posibilidad de una rebelión armada de los moriscos valencianos, varias veces decidieron desarmar a esta población sospechosa de deslealtad.

DOS AÑOS DE SUBLEVACIÓN
El malestar de los moriscos se manifestó de manera violenta en las Alpujarras, donde a finales de 1568 comenzó una sublevación que no sería sofocada hasta 1570.

Esta rebelión fue seguida con mucho interés por los cristianos nuevos de toda España, que vivieron con esperanza, decepción y angustia el devenir de sus hermanos granadinos. Los vencidos fueron desperdigados fuera de Andalucía. No fueron pocos los que se convirtieron en bandoleros. Durante los primeros meses de 1570 aumentó la emigración de los moriscos granadinos hacia el territorio alicantino, muchos de los cuales fueron capturados y vendidos como esclavos.

Más inadvertidos que los bandoleros eran algunos de aquellos moriscos granadinos que llegaron a tierras alicantinas y se dedicaban a la conspiración. Se conoce el nombre de uno de estos encargados de reavivar la resistencia morisca en el valle del Vinalopó, presunto enlace con sus aliados del norte de África: Martín Chiquillo. Entre 1602 y 1604 se urdieron dos conspiraciones contra la Corona española en las que supuestamente estaban interesados los reyes de Francia e Inglaterra, además del pachá de Argel y los moriscos de Aragón y Valencia. No obstante, el peligro que representaban estas conspiraciones era real pero improbable.

DECRETO
El decreto de expulsión de los moriscos del Reino de Valencia fue firmado por Felipe III el 19 de septiembre de 1609 y publicado el día 22. Para llevar a cabo esta empresa fue movilizada buena parte de la Armada y del Ejército, al mando del mariscal de campo Agustín Mejía.

Entre septiembre de aquel año y enero del siguiente, fueron embarcados en los puertos de Dénia, Alicante, Valencia, Vinaroz y Moncófar más de cien mil moriscos. Mayoritariamente fueron llevados a Argelia y Túnez. Pero no todos llegaron al destino elegido. No pocos perecieron por el camino, tanto en tierra como en mar. Obligados a abandonar sus casas y tierras, y a malvender muchas de sus posesiones, el camino que les llevaba hasta los puertos donde debían embarcar estaba plagado de salteadores que les robaban cuanto llevaban de valor. En algunos de los barcos que trasladaban a los moriscos a su destino, previo pago del pasaje, los tripulantes los saquearon, violando a las mujeres y matando a quienes se atrevían a rebelarse. Y quienes lograban arribar a los puertos del norte de África, especialmente a Orán, debieron de enfrentarse con la hostilidad de las tribus nativas, que los atacaron para despojarles de lo poco o mucho que habían conseguido llevar hasta allí.

VALLE DE LAGUAR
Aunque apenados por tener que abandonar las tierras de sus ancestros, en un principio los moriscos aceptaron la expulsión pacíficamente. Incluso la acataron con alegría, pues pensaban aliviados que en tierras de correligionarios encontrarían por fin la tranquilidad y el respeto que les había faltado aquí. Sin embargo, las noticias que les llegaron sobre la forma tan terrible con que eran recibidos en Argelia, provocaron la rebelión entre muchos de los que aún no habían iniciado el exilio. Miles de moriscos se reunieron en dos lugares simultáneamente para impedir que los expulsaran: en las Muelas de Cortes (valle de Ayora) y en el Valle de Laguar. En este último lugar, situado en el interior de la comarca de la Marina Alta, buscaron refugio a finales de octubre unos veinte mil moriscos de la zona, eligiendo como caudillo a un molinero de Confrides llamado Mellini. Muchos de ellos eran ancianos, mujeres y niños, que cargaron con los pocos enseres y animales que tenían hasta el bello y agreste valle donde se levantaba el Caballo Verde, una sierra con forma de silla de montar y donde se escondía, según una antigua leyenda, un gigante e invencible guerrero musulmán que velaba desde hacía siglos con su montura (una especie de San Jorge islámico) para impedir que el valle fuese hollado por pies cristianos.

El mariscal de campo Agustín Mejía dirigió en persona al ejército y a las milicias que se dispusieron a desalojar el valle de Laguar de moriscos rebeldes, apresarlos y llevarlos hasta los puertos de embarque para su expulsión del territorio español. Mejía instaló su cuartel general en Murla.

Tras producirse varias escaramuzas y negociaciones frustradas, las tropas de Mejía irrumpieron en el Valle de Laguar el 16 de noviembre, echando a los moriscos que ocupaban las ruinas de la fortaleza de Azabares (a la entrada del valle y enfrente de donde ahora se levanta el sanatorio de Fontilles), los cuales fueron a reunirse con los suyos en las montañas y en las tres poblaciones que había (y hay) en el interior del valle: Campell, Fleix y Benimaurell. Cinco días después, el sábado 21 de noviembre, Mejía ordenó entrar en el valle por el lado opuesto, ascendiendo desde el llano de Petracos. De ahí que el enfrentamiento armado que se produjo aquel día y en aquel lugar se conociera posteriormente como la batalla de Petracos. Aunque en realidad fue todo menos una batalla. Más bien debería hablarse de una cacería, de una auténtica matanza. Varios miles de soldados muy bien pertrechados, entre ellos veteranos de los Tercios de Nápoles, de Sicilia y de Galeones, experimentados en infinidad de batallas reales y contra verdaderos ejércitos, apoyados por numerosos milicianos que habían llegado de todo el territorio alicantino ávidos de botín y fama, ascendieron aquella madrugada por la sierra del Caballo Verde, matando o haciendo retroceder a los moriscos que les ofrecieron gran resistencia durante horas, armados con hondas y algunas ballestas.

Una vez en la parte más alta de la sierra, los soldados se dispusieron a atacar Benimaurell, mientras que la caballería hacía lo propio desde el lado contrario (Campell). Miles de moriscos huyeron entonces hacia los peñones más altos del Caballo Verde, en cuyas cumbres se decía que estaban las ruinas de un castillo inexpugnable, llamado de Pop. Pero durante su huida unos dos mil de ellos fueron masacrados, sobre todo ancianos, niños y mujeres. Los cronistas son unánimes al describir la horrible matanza que allí se produjo. «Porque los niños de teta arrebatavan de los braços de las madres, y los estrellavan en las peñas; y por no detenerse a quitarles los zarcillos a ellas, les cortavan las orejas. Reconociendo un soldado una Mora muerta por si llevava dineros o joyas, la vio que por una puñalada que tenia en la barriga, salia una mano de un niño, y movido a lastima, (efectos de la predestinaciò) le acabò de sacar, y dandole el sagrado bautismo, murio luego. Muchas mugeres se cubrian el rostro con las faldillas, y abraçadas con sus hijos, se arrojavan por las peñas abaxo, pensando hallar mejor acogimiento q. en los soldados: y todos los q. cahian heridos, antes de ser muertos, eran luego despojados, y quedavan desnudos», cuenta Escolano, allí presente. Mellini murió heroicamente tratando de proteger a los suyos.

Durante nueve terribles días los miles de moriscos que se refugiaron en el peñón más alto del Caballo Verde sufrieron el asedio de los soldados. Fueron terribles porque muy pronto se les acabó el agua y cuando se arriesgaban por las noches a ir a las fuentes más cercanas para abastecerse, eran muertos o apresados por los soldados que vigilaban dichas fuentes. Salvo unos pocos que lograron huir, casi todos ellos se rindieron el día 29. Eran unos trece mil, que bajaron del peñón muertos de hambre y de sed. Arriba quedaron cuatro mil cadáveres. Los soldados y los milicianos, que ya habían saqueado las poblaciones del valle, se dedicaron a la rapiña con los rendidos, secuestrando a los niños para llevárselos con ellos como esclavos. Muchos de los vencidos murieron durante el camino a los puertos de Dénia y Jávea.

MORISQUILLOS       
Unos mil niños y niñas moriscos fueron secuestrados en el Valle de Laguar. A ellos debe unirse otros mil cuatrocientos morisquillos que fueron igualmente tomados como criados (en la práctica, esclavos) en otros lugares.           

El punto de destino adonde llevaron a un mayor número de morisquillos fue la ciudad de Valencia (492), pero muchos más (1.136) fueron repartidos entre las localidades de la actual provincia de Alicante, destacando Dénia con 200.

Los morisquillos, cuando crecieron, se casaron entre ellos, según consta en los libros parroquiales, donde aparecen como «fills de moros expulsos».

ÁFRICA
Los primeros moriscos que desembarcaron en Orán, plaza española a la sazón, fueron bien recibidos por los gobernadores de Mostaganem y Tremecén. Procedían de Elda y Novelda. Pero los que llegaron posteriormente fueron recibidos de manera hostil, pereciendo muchos de ellos a manos de los temidos alarbes.

Para los magrebíes, los moriscos eran extranjeros que vestían a la europea y hablaban un dialecto árabe distinto del suyo. Por su número y por sus intenciones de instalarse en sus tierras, constituían además un grave peligro para los intereses tanto de los campesinos argelinos como marroquíes.

EN ARGELIA
Los moriscos que, desde Orán, llegaron a Argel, se encontraron con sus paisanos ricos que habían arribado allí pagando el fletamento de naves privadas.

En la capital argelina existe actualmente un barrio conocido como Les Andalousies, donde probablemente se instalaron los moriscos más adinerados, pero en su mayor parte lo hicieron en el alfoz de Argel, en zonas agrícolas pero cercanas a la ciudad, y en el valle de La Mitidja, alrededor de las actuales ciudades de Kolea y Blida; ciudad ésta última (a 50 kilómetros de la capital) que fue fundada por los propios moriscos, según una tradición recogida por todos los historiadores modernos.    

EN TÚNEZ
Fue Túnez adonde llegó el grupo más afortunado de moriscos alicantinos. Cuando finalizó la expulsión en toda España, eran unos cien mil los moriscos que habían llegado a Túnez. En la capital se instalaron los más ricos en la calle del Panteón del Bey (soberano tunecino), un barrio reservado a la burguesía y a los intelectuales andalusíes; pero la mayoría de los recién llegados se instalaron en barrios periféricos, al norte y al sur de la ciudad, que ahora son conocidos como barrios andalusíes: el de Bab Suica (Puerta de Mercadillo), el cercano a la mezquita El-Hlaq (ahora llamada la Mezquita de los Andalusíes) y otro en el lado opuesto, al norte, que ocuparon los últimos en llegar: el arrabal de Bab Qartagenna (Puerta de Cartago). Fuera de la capital, los moriscos se instalaron en lugares como Medjez El Beb, Grombalia, Teburba…, pero eran tantos que fundaron sus propias ciudades, como Testur (1614-1615) y Zaguán, lugar éste último donde desarrollaron el cultivo de los olivos y los cerezos.

LOS ALACANTI
Actualmente, la lista de apellidos de origen hispánico en Túnez (y más especialmente en los lugares antes citados) es amplia. Pero es sin duda Alacanti el nombre que más interés despierta; un apellido que también se escribe Alakanti, Lacanti, Lakanti, Laganti o Hakanti.