CASIDA MORISCA ENVIADA AL SULTÁN OTOMANO EN PETICIÓN DE AYUDA


Mercedes García-Arenal    
Profesora de investigación
Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 
                                                          


Según el biógrafo e historiador norteafricano Al-Maqqari (nacido a finales del siglo XVI) esta casida (qasîda es obra de un morisco anónimo), le fue enviada al sultán otomano Bayazid II (1481-1512) invocando su socorro.

El poema es ilustrativo de las dificultades espirituales y políticas en que se veían los moriscos. En él se hace alusión a una serie de acontecimientos históricos, entre ellos, la quema de libros árabes perpetrada en Granada por el Cardenal Cisneros en 1499 [según numerosos investigadores, la quema se produjo el 23 febrero 1502]. La delegación egipcia que llegó a España a entrevistarse con los Reyes Católicos, amenazó con tomar represalias sobre los cristianos que habitaban en sus dominios si los Reyes obligaban a los moros a convertirse (nota 1). La matanza de los habitantes musulmanes de Huéjar (nota 2) [se refiere a la actual Güéjar Sierra].

Estas alusiones permiten a Monroe, en un artículo en el que edita, traduce al inglés y estudia esta casida (nota 3), el fechar su composición en 1501(nota 4) es decir, el año en que se proclamó la orden de conversión de los moriscos granadinos [la Pragmática de Conversión está fechada el 14 febrero 1502].

La fuente árabe original de esta casida es la obra de Al-Maqqari titulada Azhar al-Riyäd (nota 5). [Y se podría traducir por:]

Una paz noble, perdurable y siempre renovada es atribución exclusiva de mi Señor, el mejor de los Califas.
La paz sea sobre mi muy alto y glorioso Señor, de quien le vinieron al infiel las ropas de la humildad.
La paz sea sobre aquel cuyo reinado ensanchó Alläh con la victoria sobre toda comarca.
La paz sea con aquel que tiene su capital en la noble ciudad de Constantinopla.
La paz sea con aquel cuyo reino adornó Alläh con ejércitos y pueblos, sometidos a los turcos.
¡La paz sea contigo! Que Alläh exalte tu rango y te haga reinar sobre todas las naciones.
La paz sea con el juez y con quien quiera que sea como él de entre los sabios, los nobles y los grandes.
La paz sea con los hombres píos y de religión y con aquellos, los sensatos entre los consejeros.
La paz sea contigo en nombre de los esclavos que permanecen en al-Andalus, en Occidente, la tierra del exilio, a quienes cerca el oleante mar de Rum y el Océano insondable, profundo y tenebroso.
La paz sea contigo en nombre de unos esclavos afligidos por enorme calamidad, ¡ay, y que enorme ha sido!
La paz sea contigo en nombre de unos ancianos cuyo blanco cabello se mesó a jirones, después de haber conocido la gloria.
La paz sea contigo en nombre de unos rostros obligados a descubrirse en el seno de bárbaros tras haber permanecido velados.
La paz sea contigo en nombre de unas doncellas a quienes el cura arrastra por los cabellos al lecho del deshonor.
La paz sea sobre ti en nombre de unas ancianas obligadas a comer cerdo y carne no sacrificada con ritual.
Todos nosotros besamos el suelo de tu corte e invocamos al bien sobre ti en todo tiempo.
Que Alläh prolongue tu reinado y tu vida y te preserve de todo mal y toda desgracia, y te apoye con la victoria y el triunfo sobre el enemigo, y te aloje en su complacencia y su cuidado.
Nos quejamos ante ti, mi Señor, del perjuicio, la desgracia, y la enorme calamidad que nos aflige.
Hemos sido traicionados y convertidos al cristianismo, rompiendo con otra nuestra religión; hemos sido oprimidos con deshonor.
Y sin embargo, bajo la religión del profeta combatimos a los gobernadores de la cruz con nuestra intención interna (nota 6), corriendo en la Guerra Santa grave peligro de ser muertos o capturados y sufriendo hambre y sed.
Pero los cristianos nos atacaban por todas partes cuerpo de ejército tras cuerpo de ejército como un vasto torrente, barriéndonos con su empuje como bandada de langosta en su multitud de caballería y armas.
A pesar de todo resistimos a sus ejércitos durante largo tiempo exterminando grupo tras grupo aunque su caballería crecía por momentos mientras que la nuestra disminuía y escaseaba.
Entonces, cuando nos debilitamos, acamparon en nuestro territorio y lo asolaron ciudad por ciudad utilizando grandes cañones que demolían sus inaccesibles murallas poniéndolas sitio, atacándolas durante días y meses, con celo y obstinación.
Por eso, cuando nuestra caballería e infantería hubo crecido, y cuando vimos que ninguna ayuda nos venía nuestros hermanos y que nuestras vituallas habían disminuido haciendo nuestra situación realmente dura nos plegamos, en contra de nuestra voluntad, a sus demandas por miedo a mas calamidad temiendo que nuestros hijos e hijas fueran cogidos cautivos o cruelmente asesinados, con la condición de que habíamos de permanecer en situación semejante a la de los mudéjares anteriores a nosotros, los habitantes del antiguo territorio (nota 7) y que se nos permitiría gozar del derecho de llamar a la oración y celebrar nuestras plegarias rituales y que no se nos haría abandonar ninguna de las prescripciones de la ley religiosa, y a quienquiera de nosotros que deseara cruzar el mar se le permitiría hacerlo de modo seguro hasta la costa africana, con todas las propiedades que quisiera llevar,  y otras estipulaciones que sobrepasan las ciento cincuenta (nota 8).
Nos dijo entonces su príncipe y sultán: lo que habéis estipulado se os garantiza en su integridad.
Y nos mostró documentos conteniendo pactos y tratados diciéndonos: Ésta es mi amnistía y mi protección por la cual quedáis en goce de vuestras posesiones y hogares, como estabais antes, pero sin armas.
Sin embargo, cuando quedamos bajo su tratado de protección la traición se hizo aparente pues rompió el pacto, transgredió las Capitulaciones con que nos había engañado y nos hizo convertirnos al cristianismo por la fuerza, con dureza y severidad, quemando los libros que teníamos y mezclándolos con excrementos e inmundicias.
Todos los libros que trataban de asuntos de nuestra religión fueron presa del fuego entre la mofa y la irrisión.
No dejaron ni un solo libro que perteneciera a un musulmán, ni un solo tomo con quien uno pudiera refugiarse en soledad y leer.
Aquel que ayunaba o rezaba y esto llegaba a saberse, iba a parar a las llamas, aquel de nosotros que dejaba de ir a su lugar de descreencia era severamente castigado por el cura que le abofeteaba en ambas mejillas, confiscaba sus propiedades y le arrojaba en prisión.
Durante el Ramadán interrumpían nuestro ayuno obligándonos a tomar alimento y bebidas y nos ordenaban maldecir a nuestro Profeta y nos prohibían invocarle en tiempos de felicidad o desgracia.
Tan pronto oían a un grupo cantando su nombre, le infligían grave perjuicio pues sus jueces y gobernadores les castigaban con bastonazos, multas, prisión y humillaciones.
Aquel que moría sin que le hubiera atendido alguien con oraciones, se negaban a enterrarlo.
En lugar de ello le arrojaban a un estercolero como un burro muerto o un animal.
Además de esto perpetraban otras muchas maldades y actos deshonrosos.
Nuestros nombres fueron cambiados y se les dio una nueva forma sin que nosotros lo deseáramos ni diéramos nuestro consentimiento (nota 9).
Ay pues nos cambiaron la religión de Muhammad por la de los perros cristianos, las peores de las criaturas.
¡Ay de nuestros nombres que fueron substituidos por los de estos bárbaros ignorantes!
¡Ay de nuestros hijos e hijas que tienen que ir todas las mañanas con el cura que les enseña descreencia, idolatría y falsedad sin que ellos puedan escabullirse!
¡Ay de aquellas mezquitas que han sido tapiadas y convertidas en estercoleros del infiel después de haber gozado de la pureza ritual!
¡Ay de aquellos alminares en los que cuelgan las campanas sustituyendo a la sahäda (nota 10).
¡Ay de aquellas ciudades y de su belleza, cómo se han obscurecido en la infidelidad!
Se han convertido en fortalezas de los adoradores de la cruz, en ellas están a salvo de todo ataque.
Nos hemos convertido en esclavos, no en cautivos que puedan ser rescatados, ni siquiera musulmanes que pronuncian su shahäda.
Por eso, si vieran vuestros ojos lo que ha venido a ser nuestra situación, se anegarían en lágrimas y ¡ay, ay de nosotros! ¡ay de la desgracia que nos aflige, el deshonor, el dolor y la opresión!
Te invocamos, Señor, por Alläh y por el puro, el elegido, la mejor de las criaturas (Muhammad) y por los mas excelsos de entre los hombres, la familia de Muhammad y sus compañeros, ¡cuan nobles compañeros son! y por Abbäs tío de nuestro Profeta y por su cabellera blanca, la más venerable de las cabelleras por los probos varones reconocedores de su señor y todos los hombres íntegros dotados de nobleza quizá miren por nosotros y por lo que nos ha sucedido, quizá Alläh desde su Trono derrame misericordia pues lo que tú dices es escuchado y lo que tú ordenas se realiza y cualquier cosa que mandes se lleva a cabo con rapidez.
Ya que el lugar de origen de la religión cristiana está bajo tu dominio, pues de allí se extendió a todas las regiones, por Alläh Señor nuestro, dígnate favorecernos con un consejo o una palabra de protesta pues posees la excelencia, la gloria, el rango y el poder de salvar a los siervos de Alläh de todo mal.
Pregunta a su Papa, el gobernador de Roma, por qué permiten la traición después de haber firmado la amnistía y por qué nos perjudican con su engaño sin que haya habido falta ni crimen por nuestra parte.
Cuando su pueblo, que había sido conquistado, estuvo bajo la salvaguardia de nuestra religión y bajo la protección de nuestros gloriosos reyes que cumplían sus promesas, no fueron obligados a abandonar su fe ni sus hogares ni sufrieron traición o deshonor alguno.
En cuanto a garantizar un pacto y luego traicionarlo, eso es un acto prohibido por todas las religiones especialmente por parte de un rey, pues es un acto infamante y vergonzoso, prohibido por la ley en toda región.
Tu carta les ha llegado, pero no han tenido en cuenta una sola palabra, no hizo sino aumentar su enemistad y osadía en contra nuestra, y su perseverancia en toda clase de maldades.
Los enviados de Egipto llegaron y no fueron tratados con traición ni deshonor,  pero les dijeron que habíamos aceptado voluntariamente su religión de descreencia y que no nos habían impuesto, a los sometidos, la conversión a su idolatría; por Alläh que nunca aceptaremos esa declaración, han mentido acerca de nosotros con la mayor falsedad en sus palabras y argumentos al decir eso.
Fue el miedo a la muerte y a ser quemados lo que nos hizo convertirnos. Dijimos lo que nos hicieron decir; fue en contra de nuestra intención.
La fe del Profeta de Alläh no se ha extinguido entre nosotros, a primera vista puede observarse que reconocemos el monoteísmo de Alläh
No aceptaremos, por Alläh, ni nuestro cambio de religión ni lo que dicen acerca de la Trinidad, y si proclaman que hemos aceptado su religión sin que nos hayan causado mal pregunta a Huéjar por sus habitantes, cómo fueron exterminados en la humillación y el infortunio y pregunta a Belfite, donde todos fueron despedazados a espada después de haber sufrido gran angustia pregunta por Munyafa, sus habitantes fueron aniquilados por la espada. Lo mismo ocurrió con la gente de La Alpujarra (nota 11), en cuanto a Andarax, su gente fue consumida por el fuego. Encerrados todos en su mezquita, quedaron convertidos en carbón.
¡Ay de nosotros! ¡Oh Señor nuestro, nos quejamos ante vos pues lo que nos aflige es la peor de las separaciones!
¿No podía habérsenos dejado nuestra religión y nuestra oración ritual, como juraron hacerlo antes de romper el pacto?
Si no, haz que nos dejen emigrar de su tierra al Norte de África, la tierra de nuestros seres queridos, con nuestras pertenencias pues preferimos emigrar a quedar en la descreencia, con poder, pero sin religión.
Eso es lo que esperarnos de la gloria de tu rango. ¡Que nuestras necesidades sean por ti satisfechas!
De ti esperamos el fin de nuestras ansiedades, de nuestra desgracia y de la humillación que nos aflige pues tú, que Alläh sea alabado, eres el mejor de nuestros reyes y tu gloria se eleva por encima de toda otra gloria, por ello pedimos a nuestro Señor que prolongue tu vida en realeza y en gloria, en alegría y prosperidad, paz en tus dominios, victoria sobre tus enemigos, tropas numerosas, riquezas y magnificencia.
Por último, que la paz de Alläh unida a su misericordia sean sobre ti todos los días y en toda hora.

Notas                         
  1. Según Mármol la visita de la delegación mameluca tuvo lugar en 1500 (Rebelión castigo…, p. 156).
  2. Véase Boronat, Los moriscos españoles…, t. 1, p. III. Fecha este acontecimiento en 1501.
  3. Monroe, «A curious morisco appeal to the Ottoman Empire», en Al-Andalus, 1966.
  4. Id., p. 283.
  5. Véase la ed. de El Cairo de 1939, vol. 1, pp. 1o8-115. También Soulah, Une élégie andalouse sur la Guerre de Grenade, Argel, 191 4 p. 143. Sobre este tipo de peticiones al Sultán Otomano véase A. Temini, «Une lettre des Morisques de Grenade au Sultan Suleimán Al-Kanüni en 1541», y otra composición semejante, de 1568, en el Cartulario de Alonso del Castillo, M. HE, 1852, p. 41, y en Lea, The moriscos of Spain…, pp. 434 y sigs.
  6. Véase taqïyya en el siguiente documento: «Respuesta del mufti de Orán…”
  7. Se entiende por mudéjares los musulmanes que quedaron en sus territorios después que éstos pasaron a poder de los cristianos, conservando su Din y usos, y con un status legal definido. Se les llama moriscos a partir del momento de su conversión al cristianismo por la fuerza.
  8. Véase las Capitulaciones de Granada..
  9. Para la importancia que la pérdida de los nombres árabes representa, véase el «Memorial de don Francisco Núñez Muley», p. 54, y Caro Baroja, Los moriscos del Reino de Granada, pp. 52 y sigs.
  10. Shahäda: cuando alguien se reconoce musulmana. Se pronuncia en la llamada al salat.
  11. Los acontecimientos mencionados tuvieron lugar durante la rebelión que, surgiendo en el Albaicín en 1499, se extendió por el reino sin que pudiera ser totalmente sofocada hasta 1501


Publicado en su libro Los Moriscos (Editora Nacional, 1975)
Las notas entre corchetes son mías.        

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